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¿Qué hace interesante el Concierto 2: “100% romántico”?

Si aun no te decides, acá te contamos por qué no te lo puedes perder. El segundo concierto de la programación presencial 2021 será dirigido por el director residente Pedro-Pablo Prudencio, donde la Orquesta Filarmónica de Santiago abordará el Concierto para violín, de P. I. Tchaikovsky; y la Sinfonía romántica, de E. Soro.

Acá te contamos 5 curiosidades que no sabías y por las que no puedes perderte este Concierto 2 100% romántico.

  1. Un rescate de la música chilena

En la historia de la música docta chilena abundan títulos de obras que, pese a su calidad y recepción por parte de la crítica especializada, pocas veces lograron sobrevivir y proyectarse más allá de su estreno. De hecho, si se analizan por ejemplo los datos que medios como la Revista Musical Chilena han recopilado, es posible concluir que, en términos generales, la música chilena de tradición escrita no constituye el eje del repertorio ejecutado año a año por las principales agrupaciones orquestales del país. Por el contrario, al menos hasta hace algún tiempo, mientras compositores europeos canónicos como Ludwig van Beethoven solían figurar con más de una obra en las temporadas de concierto actuales, creadoras y creadores chilenos de importancia para el devenir local del arte musical constituían, en el mejor de los casos, una rareza dentro de la escena artística contemporánea. 

Afortunadamente, esta poco alentadora realidad ha tendido a cambiar en los últimos años. Así, nombres como los de Federico Guzmán, Pedro Humberto Allende, María Luisa Sepúlveda, Leni Alexander o Enrique Soro –por nombrar algunos– cada vez se hacen más frecuentes para las audiencias locales. Precisamente, en el Concierto 2 podremos escuchar la interpretación de la Sinfonía romántica, una de las obras cumbre del compositor Enrique Soro, cuya obra ha vivido –gracias al trabajo de la fundación que lleva su nombre y de las y los investigadores que colaboran con ella– un proceso de revalorización que se ha prolongado durante ya algunos años.

Enrique Soro.

2. Obras únicas en los catálogos

Existen obras que ocupan un lugar especial dentro de los catálogos de sus creadores. Las razones detrás de esto pueden ser de la más diversa índole. En el caso del dúo de composiciones que podremos escuchar en el Concierto 2, tienen la singularidad de ser los únicos trabajos de sus géneros que Piotr I. Tchaikovsky y Enrique Soro compusieron durante sus respectivas carreras.

 

A pesar de que Tchaikovsky llegó a completar cerca de 170 piezas que abarcan géneros como óperas, ballets, suites, música de cámara, canciones y otros, en lo que respecta a los conciertos instrumentales tan solo produjo cuatro creaciones que se inscriben dentro de este formato. Entre estas obras, tres de ellas consisten en conciertos para piano y solo una, el Concierto en Re Mayor, op. 35, es una pieza escrita para violín y orquesta.

Por otro lado, en comparación con otros compositores chilenos contemporáneos a él, el catálogo de Enrique Soro es particularmente variado en géneros e instrumentaciones. Sin embargo, a pesar de las dimensiones de su producción, la Sinfonía romántica en La Mayor constituye la única pieza de este género orquestal que Soro completó en su carrera. No obstante, aunque no reciban la denominación particular de sinfonías, el músico chileno escribió cerca de una quincena de obras para pequeña y gran orquesta en las cuales dejó plasmado su dominio del arte de la escritura para colectivos sinfónicos y su concepción casi postromántica del colorido sonoro.

Piotr I. Tchaikovsky.

3. Conmemorando estrenos

Además de centrarse en los trabajos de dos de los mayores representantes de la historia musical rusa y chilena, el Concierto 2 estará marcado por la conmemoración de importantes aniversarios. Particularmente, la Orquesta Filarmónica de Santiago bajo la conducción de su director residente Pedro-Pablo Prudencio traerá al escenario del Municipal de Santiago dos obras que durante este 2021 celebran un año más desde que fueran presentadas públicamente por primera vez.

Si bien fue completado en 1878, tuvieron que pasar algunos años para que el Concierto para violín en Re Mayor, op. 35 de Piotr I. Tchaikovsky pudiera llegar a ser interpretado en el espacio público de una sala de conciertos. Esto, debido a una serie de cuestionamientos relacionados, entre otras cosas, a su lenguaje musical innovador y personal, el Concierto en Re Mayor se ganó rápidamente la reputación de ser una obra imposible de ejecutar.

En consecuencia, luego de que intérpretes como Iósif Kotek –para quien fue compuesto– y Leopold Auer rechazaran interpretarla en público, esta obra tuvo su esperada premier el 4 de diciembre de 1881 bajo la batuta de Hans Richter, lo que marca la conmemoración de su aniversario número 140 el presente año.

Por otra parte, la interpretación en 2021 de la Sinfonía romántica en La Mayor de Enrique Soro resulta aún más particular. Luego de un proceso de tres años de concepción musical, la Sinfonía romántica fue completada por Soro en febrero de 1921 en Coronel, Chile. El estreno mundial acaeció en el entonces Teatro Municipal de Santiago el día 6 de mayo de 1921.

Es por esto que, el presente año, no solo se cumple el centenario de su composición, sino que, su inclusión en el programa del Concierto 2 de la Orquesta Filarmónica, marca el regreso de esta obra al escenario del Municipal de Santiago, es decir, la sala donde tuvo lugar su primera ejecución pública.

4. El sonido de la escuela de violín rusa

A partir de la llegada a suelo ruso de virtuosos como Leopold Auer en este país se comenzó a conformar una verdadera escuela local de enseñanza e interpretación del violín que continuó proyectándose durante el siglo XX. De hecho, algunos de los más recordados virtuosos de este instrumento se formaron o perfeccionaron en los principales conservatorios de esta nación del Este de Europa. 

En esta ocasión, el concertino de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el violinista Alexander Abukhovich, educado en el Conservatorio de San Petersburgo, será el encargado de asumir el rol solista de la pieza capital de Tchaikovsky.

5. Pilares del repertorio

Gracias a la irrupción en las humanidades de los lineamientos ideológicos de la Postmodernidad, desde hace ya algunas décadas la musicología se ha ocupado de examinar, criticar y desarticular discursos y relatos disciplinares que por mucho tiempo se entendieron como absolutos e incuestionables. En este sentido, en el ámbito específico de la historia de la música, uno de los procesos fundamentales de esta relativización posmoderna ha tenido que ver con la desnaturalización del canon de obras y compositores.

Reconocer a los cánones musicales interpretativos, pedagógicos e incluso académicos como categorías dinámicas nos ayuda a comprender por qué algunas obras ingresan o abandonan dichas categorías con el pasar de las décadas. En el Concierto 2 tendremos ocasión de oír dos composiciones que se han ganado su lugar dentro del repertorio europeo y chileno por distintas razones.

En el caso particular del Concierto para violín en Re Mayor de Piotr I. Tchaikovsky, a pesar de las críticas dispares que recibió por parte de especialistas inmediatamente luego de su estreno en 1881, principalmente gracias a características como la belleza de sus melodías; su lenguaje instrumental virtuoso, desafiante y llamativo; y gracias a los esfuerzos que entusiastas de la poética de Tchaikovsky hicieron por promover su arte, no pasó mucho tiempo hasta que esta composición ingresó al canon pedagógico e interpretativo del violín. Así, ya desde finales del siglo antepasado el Concierto para violín del creador ruso figuró dentro del repertorio solista de algunos de los más destacados intérpretes del violín y se cuenta entre las piezas más grabadas por intérpretes de este instrumento durante el siglo XX.

Por su parte, a pesar de que, con posterioridad a la muerte de su compositor –acaecida en 1954– no se registran más que un puñado de ejecuciones públicas de ella, la Sinfonía romántica escrita por el chileno Enrique Soro ha gozado, desde su estreno, de un lugar central en el devenir de la historia de la música chilena de tradición escrita. Completada en 1921, la composición citada posee la importancia de ser una de las primeras obras para gran orquesta escritas en el país y, más específicamente, de constituir la primera sinfonía –titulada como tal– creada en suelo nacional.

 

¿Sabías que…? Curiosidades del Concierto 2:

  • Cuando el amor es una inspiración

Tanto la Sinfonía romántica en La Mayor de Enrique Soro como el Concierto para violín en Re mayor, op. 35 de Piotr I. Tchaikovsky pueden ser considerados como inspirados por sentimientos de amor romántico. En el primer caso, Soro completó la Sinfonía romántica mientras se encontraba comprometido con la joven penquista Adriana Cardemil, dedicataria de la partitura y con quien contrajo nupcias el 15 de mayo de 1921, solo algunos días después del estreno de la obra. 

Por su parte, Tchaikovsky compuso su Concierto para violín durante su estancia en Clarens, Suiza. Deprimido luego de un intento de suicidio, fue visitado en su retiro por su estudiante de composición y compañero sentimental, el violinista Iósif Kotek. Gracias al tiempo que pasaron juntos, Tchaikovsky logró superar sus problemas de salud mental y, con la asesoría violinística de Kotek, se abocó a la composición del Concierto en Re mayor, que fue inspirado y moldeado a la medida del talento del joven instrumentista.

  • Chile y la tradición sinfónica

De modo similar a la mayoría de las naciones latinoamericanas, durante el siglo XIX la creación musical escrita en Chile estuvo principalmente enfocada a la composición de piezas de salón. Así, nuestro país debió esperar hasta los inicios de los mil novecientos para ver aparecer las primeras creaciones para gran orquesta hechas por músicos chilenos. Artistas como Carmela Mackenna, Pedro Humberto Allende, Alfonso Leng y Enrique Soro fueron algunos de los primeros compositores nacionales que se aventuraron a la escritura de piezas orquestales. En particular, la Sinfonía romántica de Soro ha sido considerada por distintos musicólogos chilenos como la primera obra de este género escrita en el país.

  • En búsqueda de un violinista

El estreno del Concierto para violín de Tchaikovsky tuvo que superar bastantes obstáculos antes de poder llevarse a cabo en Viena el 4 de diciembre de 1881. Aun cuando su composición estuvo inspirada por el talento del violinista Iósif Kotek, la relación y colaboración entre él y Tchaikovsky llegó a su fin luego de que Kotek se rehusara a interpretar la premier del concierto ante su preocupación de que posibles críticas dañaran su carrera musical aún en ascenso. 

Desmotivado por la negativa, Tchaikovsky mantuvo la obra en reposo por algún tiempo hasta que esta llamó la atención de un joven intérprete de entonces 30 años, el violinista ruso Adolph Brodsky. Fascinado con lo original y desafiante de la partitura, Brodsky se abocó a la tarea de presentarla y promoverla en distintos lugares de Europa. Fue así que llegó a estrenarla en ciudades como Viena, Londres, Moscú y San Petersburgo.

  • Entre el top 10

Considerado por los intérpretes como uno de los conciertos para violín más técnicamente difíciles del repertorio para dicho instrumento, el Concierto en Re Mayor de Tchaikovsky ha llamado la atención de no pocos virtuosos del violín durante el siglo pasado y el actual. Así, debido a su popularidad como pieza solista, es frecuentemente incluido en listas y rankings que recopilan los conciertos para violín más famosos, difíciles, más ejecutados o grabados, difundidos a través de plataformas y publicaciones especialistas en música. 

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