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Octavio Cintolesi y el Ballet de Arte Moderno | 1959 – 1966

Hacia 1958 el panorama del ballet en Chile no era el más alentador. Si bien el Ballet Nacional Chileno –BANCH– desarrollaba un sólido trabajo en el área de la danza experimental, la línea del ballet clásico continuaba relegada tras la disolución de la compañía de Vadim Sulima. Así las cosas, el Teatro Municipal de Santiago se abocó a la búsqueda de un nuevo director para la que sería la primera compañía de danza estable de la institución. El elegido para acometer este gran desafío fue Octavio Cintolesi, ex alumno de la Escuela de Danza de la Universidad de Chile.

Cintolesi había recién llegado de una prolongada estancia en Europa cuando fue convocado por el Teatro. Durante el tiempo que pasó en el Viejo Continente, el bailarín se perfeccionó en el ballet neoclásico con el maestro de danza Serge Lifar, además de tener la oportunidad de trabajar como coreógrafo de la Ópera de Zagreb. Cargado con todas estas experiencias y conocimientos, cuando Cintolesi decidió aceptar la invitación del Municipal, Cintolesi ya tenía muy clara la línea artística que quería desarrollar. No obstante, se enfrentó a una dificultad: no había en el Teatro un contingente de bailarines profesionales de técnica clásica para comenzar su compañía. De este modo, apoyado por su esposa la bailarina croata Irena Milovan, optó por abrir una Escuela de Danza en una pequeña sala ubicada en el centro de Santiago, que estuvo conformada por los antiguos estudiantes del mencionado Vadim Sulima, además de integrantes nuevos.

Octavio Cintolesi y el Ballet de Arte Moderno

Octavio Cintolesi y el Ballet de Arte Moderno

Este periodo de formación de lo que llegaría a ser la compañía de Cintolesi estuvo marcado por el serio trabajo técnico y de acondicionamiento físico. El propio Cintolesi lo recordaba de la siguiente manera: “Un grupo de jóvenes –toda una juventud– metido en un subterráneo. Transpirando ocho a diez horas diarias para algo que aún no sabíamos si se haría merecedor de la ayuda que permite materializar una posición estética”. Sin embargo, toda la preparación surtió efecto y en 1959 el Teatro Municipal le pidió al coreógrafo y sus alumnos que se presentaran en el escenario de la institución con motivo de la reapertura del Teatro, luego de una remodelación. Esta primera función en el Municipal puso a la compañía en la palestra y el entonces Presidente de la República Jorge Alessandri, impulsó la iniciativa por la cual la agrupación recibió la invitación formal para constituirse en elenco estable del Teatro, junto a la Orquesta Filarmónica de Santiago.

Desde sus inicios como Ballet de Arte Moderno, la compañía de Cintolesi tuvo lineamientos artísticos muy claros y específicos. Influido, como ya se mencionó, por el ballet neoclásico francés, además del pensamiento y la contingencia político-social de la época –caracterizada por coyunturas como la Revolución Cubana– el coreógrafo creyó firmemente en un arte que, sin abandonar la exploración, tuviera compromiso social. Así, la propuesta estética de Cintolesi estuvo cruzada por la ideología de la llamada Vanguardia de los sesenta. Este movimiento estético-político abogó por una creación artística que conjugara rasgos de avanzada con las formas y géneros propios de la tradición, todo con el objetivo de resignificar la creación para lograr un impacto social directo, rescatando la identidad latinoamericana. A esto apuntaba Cintolesi cuando, en un breve artículo que publicó en la Revista Musical Chilena en 1961, expresó que lo que unía al Ballet de Arte Moderno era: “la necesidad irrenunciable de expresarnos por medio de nuestro arte en la forma como nosotros lo entendíamos. Estábamos decididos a bailar en las calles aun fuese sin música ni decorados. […] Consideramos imperioso integrarnos a las fuentes, a la tradición clásica del ballet para –nutriéndonos de ellas– extraer una expresión realmente contemporánea, activar la búsqueda de un modo nacional y americano. Como base […] montamos tres ballets de distintos estilos e intenciones. Con uno de ellos nos remontábamos a la tradición; el segundo representaba el camino intermedio hacia las expresiones actuales del ballet, y el tercero era ya la representación íntegra de una forma moderna”.

Estreno El lago de los cisnes del BAM

Estreno El lago de los cisnes del BAM

En consecuencia, desde sus comienzos el Ballet de Arte Moderno desarrolló dos ejes de trabajo importantes que Susana Ponce de León ha sintetizado como “versatilidad” y “difusión”. En relación al primer punto, si bien por un lado Cintolesi propició el aprendizaje de un conjunto no menor de títulos clásicos del ballet, tales como Giselle, Coppelia o Las sílfides; por otra parte desarrolló incluso creaciones propias. Esto, según ha expresado Hans Ehrmann, “obedeció al deseo de crear un repertorio de clásicos que convivirían con otras obras de corte moderno, creando de esa manera un repertorio equilibrado y firmemente entroncado en la tradición”. En lo concerniente al tema de la difusión, el Ballet de Arte Moderno realizó un notable programa de giras y extensión cultural, que los llevó a recorrer gran parte del país.

Margaret Dale, Tamara Taumanova, Nicolás Beriosoff, Michael Somes

Margaret Dale, Tamara Taumanova, Nicolás Beriosoff, Michael Somes

Como director, Cintolesi supo equilibrar el aspecto formativo con su labor creativa. En cuanto al ámbito técnico-pedagógico, mientras estuvo en la dirección del Ballet de Arte Moderno, Octavio Cintolesi instaló la costumbre de contar con repositores extranjeros para los títulos clásicos. Así, trajo a Chile a notables exponentes de la danza, tales como Margaret Dale, Tamara Taumanova, Nicolás Beriosoff, Margot Fonteyn, Michael Somes, Roger Fenonjois, Alexander Tomsky y Serge Lifar. Asi mismo, en lo relativo a su trabajo como coreógrafo, la compañía bailó varias de sus creaciones, como Baile de máscaras (1950), Gabriela Mistral (1950), Redes (1951), Candelaria (1960), Círculo (1960), y la reconocida El mandarín milagroso (1960).

Luego de unos provechosos primeros años de vida, hacia 1965 el Ballet de Arte Moderno cambió su nombre a Ballet Municipal de Santiago, lo cual es expresión tangible del inicio de su vida como cuerpo estable de la Corporación Cultural de la Ilustre Municipalidad de Santiago. Ya constituidos con la denominación y el lugar en la escena artística nacional que conocemos hoy, el nuevo Ballet de Santiago continuó con los preceptos cintolesianos de la versatilidad y la difusión, sin descuidar su rol dentro del Municipal de Santiago. Aunque este nuevo bautizo parecía el comienzo de un auspicioso porvenir, es más bien el rito que pone fin a una era: en 1966, tras casi ocho años de trabajo, el fundador Octavio Cintolesi abandonó la dirección de la compañía. Su dimisión marcaría el inicio de un periodo de reestructuración y búsqueda del recién conformado Ballet de Santiago.

Octavio Cintolessi ensayando con Irena Milovan. © Hans Ehrmann.

Octavio Cintolesi ensayando con Irena Milovan. © Hans Ehrmann.

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