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Marcia Haydée: “Voy a echar de menos Chile, el teatro y la vida aquí” | Desde la galería

Marcia Haydée tuvo su primer contacto con nuestro país cuando recién comenzaba su carrera de bailarina en la compañía del Marqués de Cuevas. Desde entonces, y mientras su carrera ascendía al estrellato, sus vínculos con Chile se estrecharon cada vez más, llegando a formar parte del Ballet de Santiago y posteriormente siendo su directora. A pocos días de dejar la dirección de la compañía que ahora quedará en manos de Luis Ortigoza, Marcia reflexiona sobre la etapa que está viviendo.


Por M. Angélica Navarro O.

“Yo tuve vida en Chile, como creo en la reencarnación, creo en eso”. En esta vida, Marcia Haydée (Niterói, 1937) tuvo su primer contacto con nuestro país cuando recién comenzaba su carrera de bailarina en la compañía del Marqués de Cuevas. El empresario de ballet y coreógrafo chileno la admitió en su cuerpo de baile en 1957 y tres años después, una gira con la compañía parisina la trajo por primera vez.

Marcia Haydée

Desde entonces, y mientras su carrera ascendía al estrellato, sus vínculos con Chile se estrecharon cada vez más. Trabajó con el diseñador nacional, Raymundo Larraín, en una producción de La Bella Durmiente del Marqués de Cuevas. Bailó por primera vez en el Teatro Municipal de Santiago en 1983, cuando Ivan Nagy –entonces director del Ballet de Santiago– la invitó. En 1992 montó su versión de El pájaro de fuego para la compañía capitalina y en 1993 se convirtió en su directora por tres años –mientras aún dirigía el Ballet de Stuttgart–. Siguió vinculada al Ballet de Santiago a través de sus coreografías, hasta que volvió para dirigir la compañía en 2004.

Esa etapa culmina en diciembre de 2020 y, a partir de enero de 2021, Luis Ortigoza asumirá la dirección del Ballet de Santiago. Marcia Haydée será asesora internacional de la compañía, volverá a vivir a Alemania junto a su marido, Gunther, y en esta entrevista reflexiona sobre la etapa de transición en la que se encuentra.

Marcia en Alemania

¿Cómo evalúa sus años como directora del Ballet de Santiago?

Fueron años muy importantes en mi vida. Aprendí cómo dirigir una compañía diferente a la que yo dirigía en Europa. Me acuerdo de que John Cranko me decía “un día vas a ser una gran directora” –yo le decía “ay no Cranko, yo no quiero, quiero bailar”– y me decía “nunca tienes que olvidar que cuando llegues a un teatro no cambies la manera de ser del teatro; entra, entiende su manera de trabajar y luego, delicadamente, encuentra tu propio camino”. Eso es algo muy inteligente. Uno no puede querer cambiarlo todo.

Lo más importante es conocer primero cómo funciona el teatro; cada teatro tiene su manera, es como una máquina. Entonces tuve que entrar en la mentalidad chilena y entender cómo viven los chilenos; cómo es y qué quiere el público chileno. Por ejemplo, en Stuttgart yo era la directora y tenía mi propio presupuesto; acá tuve que aprender a ser parte de un teatro que trabaja con otras áreas. Siempre hicieron lo posible para hacer lo que yo quería y si había algo que no se podía hacer, me explicaban por qué y veíamos otro momento para hacerlo. Por otro lado, la compañía en Alemania no tiene sindicato y acá sí, entonces cuando ya teníamos una relación de confianza empezamos a hacer las cosas de forma diferente. Y así, con todos los sindicatos trabajamos en armonía durante estos 17 años.

Marcia Haydée en el Teatro Municipal de Santiago

Mi relación con los técnicos fue algo muy fuerte. Los momentos más lindos eran cuando montaban el escenario. Yo bajaba, me quedaba sentada mirando y me ponían un casco para que no me pasara nada. O en la noche, cuando todos se van y quedan sólo los técnicos que hacen la iluminación; es el momento más mágico. Estamos solos los técnicos, el teatro y yo. Uno siente la vibración del teatro y esa es la verdadera forma de conocerlo. El teatro te habla. No durante el día, es en la noche. Recuerdo un día acá en el Teatro Municipal cuando me quedé sola con Sergio Ortiz (stage manager) y Ricardo Castro (iluminador), para El Lago de los Cisnes. Nos quedamos los tres hablando. Y en ese momento el Teatro habló conmigo.

Cada teatro vibra distinto; uno tiene que conocerlo, conocer su vida y su energía; no se trata sólo de utilizarlo o de entrar al estudio y ver a los bailarines solamente. Es algo más especial aún. En cada teatro que iba, yo sentía muy rápido su atmósfera.

¿Cómo vibra el Teatro Municipal de Santiago?

En este teatro hay una energía que siempre fue muy positiva para mí. Es un teatro que ha pasado por muchas dificultades y siempre ha salido adelante. Es una energía muy cálida. Eso viene de la primera vez que vine a Chile en 1960, cuando fue el gran terremoto. Vinimos con la compañía del Marqués de Cuevas y no pudimos bailar, pero sí conseguí entrar al Teatro.

Mi historia con Chile viene de hace mucho tiempo. Alemania es el lugar donde crecí y pasé cuarenta años, pero este Teatro también es parte de mi vida. Yo tuve vida en Chile, como creo en la reencarnación, creo en eso. Voy a echar de menos Chile, el teatro y la vida aquí.

¿Cuál es el legado artístico que deja en el Ballet de Santiago?

Los de ballets de Cranko ya los tenía, así que mi legado fue traer los ballets de Kenneth MacMillan y los de Maurice Béjart. También quise ir más allá del clásico y abrir la compañía a lo contemporáneo. Hoy ya no existen compañías sólo clásicas. Ya no hay. De hecho, los grandes coreógrafos de hoy son todos de la danza contemporánea, Forsythe, Kilyan. Todos ellos nacieron en Stuttgart y aquí también me pareció importante crear nuestros propios coreógrafos: empujé a Jaime Pinto, a Eduardo Yedro, a Esdras Hernández, a Luis Ortigoza.

Mayerling, de Kenneth MacMillan en su estreno en Chile (1996)

¿Cuáles son sus planes para esta nueva etapa?

Estoy muy contenta porque Carmen Gloria Larenas y Luis Ortigoza quieren seguir en contacto. Para mí es importante no perder el contacto, como hasta ahora tengo con Stuttgart. Volveré a Alemania y Santiago seguirá en mi corazón. Espero poder ayudar y hacer cosas acá. Daré prioridad a lo que Santiago quiera.

También tengo otras cosas planeadas, que dependerán de la evolución del coronavirus. En febrero haré La bella durmiente en Praga y luego en Canadá. En mayo de 2022 haré una Bella totalmente nueva en Berlín y así, muchos planes-

Al mismo tiempo, lo importante en esta nueva etapa es estar con mi marido y ayudarlo a él con sus seminarios de meditación, de yoga y formación como maestro de yoga. Ahora es el momento de estar para él como él estuvo antes para mí.

¿Qué le diría a quienes quedan en Santiago?

A Luis, algo que ya le dije y que siempre digo: Uno nunca puede decir si va a ser un buen director o no, porque no hay una escuela para ser director. Cada uno tiene que encontrar el propio camino. Él va a ser un director fantástico, lo siento y lo merece. Conoce el teatro y a la compañía. Este es el camino correcto para él. Su próximo paso es poner su marca en el Ballet de Santiago, como todos los directores han hecho.

A la compañía, que hay algo que nunca deben olvidar: esta compañía, cuando estuvo en Alemania frente a un público que lo conoce todo, dijeron que era una compañía que baila con el corazón en los pies. No olviden que cuando abre el telón, deben bailar con el corazón; estamos en Sudamérica, somos más emocionales, pasionales. Eso no se debe perder. Ese es mi mensaje para esta compañía.

Y al público: que por favor nunca se olviden de que tienen una compañía que es una maravilla, que no piensen que lo que hay en Europa es mejor que acá. Muy pocas veces traje artistas invitados porque nuestros bailarines son fantásticas. Son las estrellas de Chile.

El Ballet de Santiago tras una función de La Sylphide


CUESTIONARIO DESDE LA GALERÍA 

Un recuerdo de infancia: Uno muy preciso: cuando tenía tres años, el día que mi mamá me llevó al teatro Municipal de Rio de Janeiro. Ese día marcó mi vida para siempre.

Mi primer amor: Fue precisamente esa noche, cuando vi al Ballet Ruso interpretando un programa triple. La última obra era Las bodas de Aurora del ballet La Bella Durmiente. Supe entonces que quería bailar para toda la vida. Y por eso, La Bella siempre ha sido un ballet tan importante en mi vida.

Marcia Haydée en La dama de las camelias

También quiero agregar a dos personas: John Cranko, que me dio todo en cierto momento de mi vida, todo. Y a Ricky (Richard Cragun) que fue parte de mi vida personal –pensé que iba a terminar la vida con él– y profesional, porque como partenaire, en el escenario, no podría haber hecho todo lo que hice si no fuera por él. Esos dos hombres son mis amores artísticos. Y por último, mi amor en la vida particular es Gunther, que no tiene nada que ver con ballet. El amor que tengo con él es algo muy fuerte. En esta fase de mi vida tenerlo a mi lado, es un regalo de Dios.

Marcia Haydée con Richard Cragun

Una persona que admiro: La persona que desde que era pequeñita fue la más importante en mi vida: mi abuelo. Me enseñó todo: lo que era el otro mundo, cómo portarme en el caso de ser una gran artista… Empecé a aprender de él a los tres años. Me preparó para la vida que tendría después. Falleció el día que firmé el contrato con el Ballet de Stuttgart y por eso, lamentablemente, nunca me vio bailar cuando entré en la gran carrera. Después vinieron otras personas, pero las que han sido importantes para mí, han sido siempre de las que he aprendido, las que me han enseñado algo.

Marcia Haydée a los 4 años con sus abuelos. A la derecha, Marcial Salaverry, su abuelo

Mi obra de cabecera: Más que un sólo libro, los libros de Deepak Chopra. Los tengo todos. Todo el tiempo lo leo. Cuando me siento inquieta, tomo uno y leo. Él enseña algo en cada uno de ellos, cómo vivir, cómo encarar la vida, qué hacer en ciertas situaciones, Es una enseñanza de vida. Cuando leo algo antes de dormir, siempre es uno de sus libros. Ahora, por ejemplo, estoy en El regreso del maestro. Me gusta leer en diferentes idiomas, en español, inglés o portugués.

Mi leitmotiv: El primero, es una frase que ha sido un leitmotiv toda mi vida: lo mejor está por venir. Repitiéndola es como empiezo el día desde los 60 años. Cuando llegan los 60 años, las personas que conozco piensan que es fin del mundo, o antes lo pensaban. Cuando los cumplí dije, “ por Dios, no es eso”. Entonces me levanto y la repito. Porque además siempre fue así, cada etapa ha sido algo mejor por venir, en ese presente.

Ahora, que me voy de Chile, estoy abriendo nuevas puertas. Ahora es el momento en que más lo digo. Y este cambio llegó en el momento preciso, porque este 21 de diciembre recién pasado, es el momento en que la vida va a cambiar en el mundo, porque después de 800 años se alinearon todos los planetas. Y por eso es el Coronavirus y lo que está pasando. 800 años tomó llegar a este momento. Este cambio para mi llegó en el momento correcto.

Hay otro mantra que repito y que es muy poderoso, en cada idioma que sepas: lo siento, perdóname, te amo, gracias. 108 veces. Limpia todo el pasado, los problemas, las relaciones que tuviste, para que nada quede en ti. Eso me da la fuerza para vivir.

Un secreto de mi ciudad: Tengo dos ciudades: Stuttgart y Santiago. Tengo una manera de vivir en Chile que no es la de Stuttgart. Por ejemplo, esta ciudad tiene que ver con el Parque Forestal para mí. Por la mañana uno se despierta y está vacío, con nadie. En la noche, puedo caminar, por él y, de pronto, abrazo un árbol y digo un mantra. La gente debe pensar que estoy loca…. Para mí, el Forestal representa la ciudad de Santiago. En Stuttgart, la llegada al teatro es toda mi vida. También un parque, en el que está envuelto el teatro, es como un páramo, un lugar mágico en Stuttgart. Todo tiene que ver con dónde uno está viviendo. Pero me doy cuenta de que respecto de las ciudades, todo tiene que ver con la naturaleza. Tengo una relación muy fuerte con ella.

En mi pantalla: Una serie. Me gustan las series grandes, largas. Estoy viendo una turca que es la historia del imperio Turco-Otomano. Me pasa que cuando empieza una historia, es como que entro en la pantalla y lo vivo todo. No es que vea la serie, la vivo. Por eso me gusta ver series y películas. Salgo de donde estoy y me traslado a otro espacio: lloro, estoy furiosa, feliz, etc. Depende de la situación. Me saca de lo normal. No soy de redes sociales, por ejemplo, porque esa es la realidad y a mí me gusta salir de ella. Me gusta ir a otra realidad.

En papel: Los libros y escribir. Escribo todos los días. Llevo un diario. Lo tengo con pensamientos, pongo fotografías y voy escribiendo. De todos los países, pongo dinero para que la nueva etapa me traiga más alegría y abundancia. No me gustan los periódicos, pero a veces los leo porque tengo que estar informada.

El momento más importante de mi vida: Cuando termino un espectáculo. Tengo que salir caminando por la ciudad e ir a un restaurant para tener contacto con otra gente. Es muy importante para mí comer bien, tomar un rico trago, en un rico restaurant, tener contacto con los que sirven, por ejemplo, y hablar con ellos, de sus vidas. Me saca de ese mundo del teatro y del ballet y es el momento para entrar a la realidad de cómo viven las otras personas. Porque el mundo del teatro es otra cosa, es un mundo mágico, no es el del todo el mundo. Si no lo hago, me pongo de mal humor. Tengo mis lugares preferidos donde voy y es el contacto con la vida, con otra realidad.

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