Patrimonio

Los públicos del Municipal: una mirada histórica

Durante sus más de 160 años de existencia, el Municipal además de ser el centro cultural activo con más años de trayectoria para las artes escénicas y de la representación en el país, ha sido también un centro social y un espacio de encuentro entre espectadores, arte, música, cultura y comunidad.

La forma en que nos acercamos y cómo disponemos la programación artística, tiene mucho que ver con los públicos que nos visitan. Si bien, puedes creer que esto es casi al azar, todas nuestras acciones están pensadas para que nuestros visitantes y audiencias -presencial o virtual- vivan una experiencia única. Y ese espíritu no es sólo de estos tiempos, sino de siempre, desde nuestra inauguración en 1857, y aquí  queremos contarte cómo han ido evolucionando y cambiando nuestros públicos a lo largo del tiempo.

Litografía sobre la noche inaugural el 17 de septiembre de 1857.

El nacimiento del Teatro Municipal de Santiago, fue sin duda un hito importantísimo en nuestra historia, pues si bien se creaba en Chile un nuevo coliseo para el disfrute de las artes escénicas, esto también significaba tener un espacio de encuentro entre la sociedad capitalina y la naciente democracia.

Era muy común que a finales del 1800, las “más distinguidas señoritas y caballeros” quisieran estar presentes en el Municipal, por que eso significaba estar al tanto de los temas políticos-sociales, sin dejar de lado estar a la vanguardia con las corrientes artísticas provenientes de Europa. Para la socialité chilena de antaño, esto era muy importante.

Por ello, quienes acudían a este coliseo, lo hacían de la forma más impecablemente posible, cuidando cada detalle que demostrara interés, garbo, elegancia y sobre todo cultura y sabiduría con lo que se presentaba en el escenario. 

Litografía sobre los públicos del Municipal en el Foyer de Agustinas de 1905. 

Comúnmente las mujeres entraban por el “salón de señoritas”, hoy llamada Sala La Capilla, pues tenía los accesos y puertas grandes adecuadas para que pasaran sus pomposos vestidos. Como un dato curioso, entre más arrugado el vestido era mucho mejor, porque significaba que venían de un largo viaje en barco desde Europa, por lo que no les había dado tiempo de preparar su tenida para presenciar el espectáculo. No era de extrañar, que muchas damas de sociedad estuviesen arrugando sus vestidos en casa a propósito, para cumplir con estas apariencias.

Fotografía Salón de Señoritas, hoy llamado Sala la Capilla. Año 1916.

Por otro lado, los varones entraban por el acceso principal llamado “salón de caballeros”, lo que conocemos hoy como Foyer de Agustinas. En este salón se reunían para hablar principalmente de política, para presumir sus conocimientos sobre bel canto italiano, para fumar cigarrillos y beber alcohol, pues en este lugar existía un bar donde sólo se les servía a los hombres.

En la sociedad que vivimos hoy, sería impensado segregar a nuestros públicos por género u otra razón, pero en el Chile del siglo XIX no sólo era común, sino normal. 

Fotografía Salón de Caballeros, hoy llamado Foyer de Agustinas. Año 1916.

También, la disposición de la sala principal con esta forma de herradura o “a la italiana” ayudaba al diálogo entre visitantes. La platea era la última en llenarse cuando se presenciaba un espectáculo, así las personas ubicadas en altura, podían admirar a quienes entraban, casi como en un desfile de modas.

Los palcos tenían barandas de poca altura, de este modo se podían apreciar las tenidas de las señoritas y, como los palcos son enfrentados, era común que surgieran romances y coqueteos desde ambos extremos de la sala. Además, las familias podían comprar los palcos completos, así que sus ubicaciones eran fijas en el teatro con acceso privado y su propia llave. Éstos eran pequeñas proyecciones de cada casa familiar, ya que era común que las personas llevaran su propio mobiliario y lo adornaran a su gusto.

Caricatura de “La Revista Cómica” donde se ilustra los nacientes romances entre palcos. Año 1895.

 

Aviso publicado en El Mercurio sobre la venta de palcos en 1910.

Aunque muchas familias adquirían esta extensión residencial en el Teatro, habían muchas otras personas que por distintas razones no podían acudir al Municipal y, como mencionamos anteriormente, para la sociedad criolla de antaño estar al corriente con la cultura era primordial. 

Para estas personas se ideó un sistema remoto para acudir a los espectáculos. ¿Ustedes creían que el Municipal Delivery era sólo cuestión de la tecnología de hoy? Pues no, digamos que esto empezó mucho antes, específicamente hace 126 años ya que desde 1895, quienes no tenían la posibilidad de asistir al Teatro Municipal podían optar a los “abonos por teléfono” que se vendían con bastante facilidad. Para dicho efecto se colocaban en el escenario instalaciones que permitían transmitir a través de uno o varios teléfonos la ópera completa y los suscriptores podían escucharla cómodamente desde sus casas.

Fotografía de baile en la sala principal, lo que se lograba gracias a un sistema desmontable de butacas. Año 1926.

Además de estos curiosos abonos y palcos reservados, y siguiendo con la tradición de ser un lugar de encuentro, por muchos años el Teatro Municipal fue sede para diversos bailes y congregaciones sociales. Una de ellas fue “la Fiesta de la Primavera” organizada por La Federación de Estudiantes de Chile, desde 1915 hasta los años ’70. Esta celebración estudiantil se extendió al resto de la sociedad chilena, que no tardó en contagiarse del espíritu festivo. Así nació la costumbre de vestirse de fiesta y darle la bienvenida a la estación de las flores. 

El broche de oro de las festividades era La Fiesta “Bufa”, realizada en el Municipal, donde a sala repleta y con la asistencia de autoridades, se elegía a la afortunada Reina de la Primavera y a su “Rey Feo”.

Fotografía de la “Fiesta de la Primavera” en Foyer de Agustinas . CA. 1910. 

 

Fotografía señoritas de sociedad, candidatas a ser Reinas de la Primavera. CA. 1930.

Ya después de las últimas transformaciones posteriores a 1906 y también por la crisis del salitre, la pomposidad de los visitantes baja y los verdaderos protagonistas comienzan a ser los artistas que se presentaban en el escenario.

El público se vuelve más curioso y con un interés más marcado en disfrutar los espectáculos en vez de fijarse quién asistía y con quién. Nacen así, nuevas experiencias y nuevos públicos. 

El acceso a los espectáculos empieza a democratizarse: estudiantes, profesionales, trabajadores, familias y quien quisiera comienzan a venir al teatro.  Algunos de nuestros espectáculos comienzan a salir de gira y así se empezó a dar la oportunidad a personas de otras distancias geográficas de disfrutar de las artes escénicas.

Fotografía de públicos en las funciones del Ballet de Arte Moderno al aire libre. Año 1963.

Hoy por hoy, el Municipal de Santiago es un lugar que acoge a todos quienes quieren disfrutar de una experiencia musical y escénica presencial o virtual. Con temporadas de óperas, ballet, conciertos y recitales se abre a que diversos y nuevos públicos para que vibren con este quehacer cultural, artístico y social.

Ya no es necesario vestirse de gala, arrugar los trajes, ser expertos en artes, tener entradas separadas por género, ni ser de la élite criolla. El Municipal es un teatro abierto a la comunidad, donde queremos que te encantes con su arquitectura, historia, espectáculos, y por supuesto también esperamos que siempre quieras volver.

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