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Los inicios de la ópera

En octubre se celebra el Día Mundial de la Ópera y por eso, en Teatro Municipal de Santiago, te contamos sobre este arte y sus inicios en nuestro teatro.

La ópera es un género musical que nos viene acompañando hace, al menos, 400 años y que ha encantado a muchos a lo largo de su existencia. De grandes creaciones y piezas dramáticas, combina música, canto, danza, teatro, interpretación y dramaturgia. Por otro lado, es un evento social con público que lo presencia y, por ello, es el fiel reflejo de diversas corrientes artísticas, filosóficas y sociales de donde hayan sido creadas.

Pero, ¿de dónde proviene este género y cómo llega a nuestro país? 

La ópera nace en Florencia, Italia, a finales del siglo XVI, de la mano de “La Camerata Fiorentina”, una sociedad de eruditos que se encaminó en el estudio crítico de las artes, el teatro, la dramaturgia y la música. Uno de ellos fue Vincenzo Galilei, padre del científico Galileo Galilei, que se dedicó a estudiar el teatro de la Antigua Grecia. En su indagación se percató que, en las representaciones griegas, el texto era cantado a voces individuales y, hasta ese entonces, no existía nada parecido.

Bajo este descubrimiento, se tuvo la idea de musicalizar textos dramáticos de carácter profano y así, otro miembro de la Camerata, el compositor Jacopo Peri creó en 1598 “La Dafne”, basada en el mito de Apolo y Dafne. Con esta obra, considerada la primera ópera de la historia, comienza la creación de una nueva expresión artística, que se caracterizaba por el canto a una sola voz, en contraposición a la polifonía medieval y renacentista; y por su laicidad. Italia se consolida como cuna de la ópera y desde allí comienza a expandirse a otras regiones, primeramente llegando a Francia y un siglo después a Alemania, Austria y el resto de Europa.

A Latinoamérica la ópera llega a principios del 1700, en las capitales virreinales de México y Lima, y en Chile las primeras funciones de ópera fueron montajes italianos en el puerto de Valparaíso a principios del siglo XIX. Muchos de estos espectáculos eran realizados por parte de la Sociedad Filarmónica, asociación que existió en Chile para difundir la música entre jóvenes, fundada por Carlos Drewetcke, José Zapiola e Isidora Zegers, siendo ella quizás, la figura más influyente en instaurar el gusto por la lírica y por el bel canto italiano en Chile.

A consecuencia de ello, en 1830 la compañía lírica Italiana Pezzoni-Bettali montó en Valparaíso la primera ópera completa que se presentó en el país: “El engaño feliz” de Rossini, y en 1844, Rafael Pantanelli llega Chile por invitación de Isidora Zegers, para presentar la segunda ópera completa que se daría en el país: “Los Capuletos y los Montescos” de Bellini. Algunos especialistas aseguran que ésta fue la primera función lírica de calidad y Pantanelli fue el primer director que usó en Chile la batuta o “palito”, según cuenta José Zapiola en sus memorias. Trece años después la compañía de Pantanelli, ya instalada en el país desde 1848,  inauguró el Teatro Municipal de Santiago, con la ópera “Ernani” de Giuseppe Verdi. 

En estas primeras décadas se sentaron las bases del gusto por la lírica y llama la atención la cantidad de funciones de antaño. Las óperas se presentaban todos los días con los mismos cantantes y pequeñas variaciones, ya que en un mundo sin registros, escucharlas una y otra vez, permitía a los espectadores familiarizarse con sus cantantes, autores y melodías.

A pesar del gusto nacional por la lírica italiana, especialmente verdiana, poco a poco se comenzó a adquirir nuevos gustos y a fines del siglo XIX Wagner entra con fuerza en el repertorio y en 1880 se presenta por primera vez “Lohengrin”. También a raíz de la riqueza otorgada por la industria del salitre, Chile quería prevalecer como un gran referente de prosperidad tanto económica como cultural, por ello también el Municipal se convirtió en el mayor eje cultural-social que representaba todo lo anterior y como gran casa lírica y teatral a la vanguardia, comenzó a programar espectáculos nuevos como fue el caso del “El Guaraní”, del compositor brasileño Carlos Gomes.

Esto fue un gran hito en la historia cultural del país, pues fue la primera ópera latinoamericana presentada en el teatro. Con esto se comenzó un camino de nuevas programaciones y se le empezó a dar cabida a nuevos talentos. El caso del compositor chileno Eleodoro Ortíz de Zárate, fue uno de ellos, que tras años de búsqueda y obstáculos para presentar su obra, estrenó en 1895 en el Municipal “La Florista de Lugano” siendo la primera ópera chilena que se presentara en el país y con gran éxito entre la audiencia.

Desde ese suceso en adelante, la ópera en Chile toma un vuelco y el Municipal se aventura con nuevas contrataciones y programaciones. Al instalarse como un teatro de vanguardia, grandes personalidades extranjeras comienzan a venir, las producciones empiezan a tener un nivel mucho mayor y se le da lugar a voces nacionales. Así en el siglo XX, grandes voces chilenas surgen e  irrumpen en la lírica nacional y mundial, como Sofía del Campo, Pedro Navia, Renato Zanelli y posteriormente Rayén Quitral, Ramón Vinay, Claudia Parada, entro otros.

Hoy el gusto por la ópera en el país ha trascendido generaciones y se lleva presentando de manera permanente en sus temporadas. En los 164 años de historia del Teatro Municipal de Santiago, se han presentado más de 2.000 espectáculos de ópera, siendo muchos de ellos, verdaderos hitos históricos que fueron marcando la pauta cultural de Chile.

Con la incorporación de un Coro profesional, el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Santiago y el trabajo de los talleres de realización escénica,  las producciones de ópera que se presentan en el Municipal son de primer nivel, siendo muchas de ellas llevadas al extranjero.

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