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La viuda alegre | De la opereta al ballet

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Tras varios meses de trabajo, pero muy pocos ensayos –porque los empresarios del Theater an der Wien le tenían poca fe a la obra–, el compositor húngaro Franz Léhar estrenó su opereta La viuda alegre en diciembre de 1905. Fue un éxito rotundo, con excelentes críticas y más de 400 funciones. 70 años después, el éxito de la opereta se trasladó también al ballet.

John Lanchbery hizo los arreglos de la partitura, convirtiendo el canto en melodías orquestales. Luego, el coreógrafo inglés Ronald Hynd tomó esa música para crear una coreografía que transformó La viuda alegre en una comedia romántica relatada con danza clásica, mímicas y roles cargados de teatralidad.

El desafío que asume una compañía de ballet y una orquesta para montar una obra como la de Hynd tiene que tener en cuenta todos estos elementos. En el caso de los bailarines, la clave es la musicalidad, es decir, esa capacidad para dejarse llevar por los ritmos y estados de ánimo de la música, mientras que los integrantes de la orquesta deben completar ese relato con sus instrumentos, teniendo como referencia sólo las indicaciones del director, el único que tiene el privilegio de ver lo que está sucediendo sobre el escenario.

En este video, el director musical Pedro-Pablo Prudencio y la repositora Lyn Vella-Gatt exploran el universo musical del ballet La viuda alegre.

Video: Municipal de Santiago / Potrero Films

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