Patrimonio

La gripe española en Chile y su contexto en el Municipal

El Teatro Municipal de Santiago ha sido testigo de diversos cambios sociales y culturales del país durante más de 160 años. La programación relata por sí sola el acontecer nacional y hay hechos puntuales que han marcado un antes y un después en la historia del país y por lo tanto, en la historia del Teatro.

En 1910, tras la renovación del foyer de Agustinas y la fachada, el Municipal se transformó, al menos por un tiempo, en un lugar de reuniones sociales además del quehacer cultural que lo envuelve. Formaba parte del foyer la gran escalinata de mármol que se conservó hasta 1924, un ícono importante que iba de la mano con el incremento de estas reuniones. En 1915 se celebró la conocida Fiesta de la Primavera, y en 1918, el mismo año de la llegada de la Gripe Española, Anna Pavlova visitaba Chile por segunda y última vez, un hecho que marcó el desarrollo del ballet en Chile.

La temporada lírica oficial de 1918 pertenecía a la Compañía Lírica Italiana de Renato Salvati y se imprimían una variedad de programas de la temporada con diferentes diseños a cargo de la Imprenta Barcelona. A pesar de la I Guerra Mundial y la Revolución Rusa, el contexto internacional dio un tremendo impulso económico al país con la venta del salitre, utilizado como fertilizante y para explosivos. Este flujo de riqueza se refleja en las nuevas construcciones y principalmente en los bienes y costumbres de la aristocracia y la burguesía chilena.

En esos años, las temporadas en el Teatro Municipal de Santiago fueron las siguientes:

1918: Manon, Sansón y Dalila, Tosca, Aida, La Gioconda, Madama Butterfly, La Sonámbula, El Barbero de Sevilla, Thais, Werther, La condenación de Fausto y Zazá / 12 títulos

1919: Luisa, El tríptico de Puccini, Madama Butterfly, Scheherazade (ballet) y El trovador / 5 títulos

1920: Madama Butterfly, Mefistofele, Aida, La Wally, Lohengrin, Manon Lescaut y Parsifal/ 7 títulos

Portada del programa de la Temporada Lírica de 1919

CONTEXTO NACIONAL

En 1918 llega a Chile la influenza conocida en ese entonces como Gripe Española. Ésta se convirtió en un hito que marcó profundamente la vida de las personas, dejando una población devastada con más de 100 millones de muertos alrededor del mundo, pero principalmente afectó a la comunidad médica, que durante el siglo XIX tras diversos trabajos, estudios y control de pandemias había logrado consagrarse como una entidad seria. Ella representaba a la comunidad científica como un ideal social del progreso, una imagen que se destruyó por completo con la influenza.

Esta pandemia fue un hito importante en el proceso histórico de la unificación del mundo a través de las enfermedades (término acuñado por Le Roy Ladurie) y nuestro país no quedó fuera de él. La gripe irrumpió en la sociedad chilena y contribuyó a dar un nuevo impulso a la modernización de la salud pública nacional.

La gripe española era comúnmente conocida con diferentes nombres; el garrotazo, el mal de Santa María o la gripe, eran algunos de los seudónimos que comenzaron a cobrar fuerza en la primavera de 1918 en Santiago. La enfermedad llegó proveniente de los puertos de Valparaíso y principalmente Argentina tal como consignaron los periódicos. Los síntomas eran “andar con el cuerpo cortado” según la revista Sucesos. Inmediatamente los lugares más afectados fueron aquellos donde se detectaron los primeros casos, la Vega Central y el sector Mapocho. Pese a los avances durante el siglo XIX en materia de salud, la lastimosa realidad de vida de los sectores vulnerables, el hacinamiento y por lo tanto las condiciones higiénicas principalmente en Santiago eran un problema que se arrastraba hace décadas. Estas condiciones eran caldo de cultivo para el desarrollo de la enfermedad, uno de los núcleos de los problemas sobre la cuestión social.

Publicidad de farmacia en un programa de sala de 1919

La prensa fue un activo colaborador como difusor permanente a través de las ciudades, complementando las acciones de las autoridades médicas y municipales, sin embargo en todo el país existía una incertidumbre respecto a un evento biológico de magnitud hasta entonces desconocida. La gripe española irrumpió de tal manera en la vida de las personas que despertó una desconfianza general hacia las otras personas, hacia los políticos por el manejo, e incluso hacia el mismo personal médico. El gobierno implementó la educación higiénica y se aconsejaron medidas de salubridad, buena alimentación, principalmente jugos e infusiones, el uso de ungüentos naturales, evitar las aglomeraciones y visitas a cafés, tabernas y espectáculos públicos y evitar reuniones sociales. Se incentivaron los paseos al aire libre, la ventilación general, limpieza de utensilios y de la ropa de manera constante, principalmente la de personas enfermas, algo que la comunidad médica criticó fervientemente ya que la solución era inculcar mejores hábitos de aseo y limpieza además de implementar un sistema de salud pública orientada hacia la prevención.

Publicidad de un programa de sala de 1920

Poco a poco la influencia de la comunidad médica tuvo efecto y se implementó la higienización de espacios públicos y privados, algo que tuvo un rechazo entre aquellos sectores que tenían una activa vida social, entonces finalmente se decidió intervenir en conventillos, establos, escuelas, iglesias, hoteles, mercados, teatros, cárceles y transporte público entre otros. De esta manera el contagio fue universalmente aceptado.

La alteración de la vida de ciudad y la restricción de convenciones sociales como el saludo de mano, conversaciones y actos íntimos como besarse era difundido cada día a través de la prensa, se solicitó a la policía el aseo diario de calles para evitar la aglomeración de desperdicios, a través de la Municipalidad de Santiago, se hicieron inspecciones en teatros y escuelas fomentando el uso de jabón para el lavado de manos. Sin embargo las medidas no evitaron la propagación de la pandemia a otras regiones, algo que fue devastador ya que tenían aún menos recursos económicos y culturales que los sectores vulnerables de Santiago. La comunidad médica y la sociedad apuntaron al Estado como el gran culpable de la propagación de la pandemia.

Este documento fue escrito y basado en la información del Centro de Documentación de las Artes Escénicas del Teatro Municipal de Santiago y de la Revista Chilena de Infectología del año 2013, de la Pontificia Universidad Católica de Chile para el Programa de Estudios Médicos Humanísticos.

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