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Francisco Krebs: Teatro, Ópera y Star Wars | Desde la galería

Su primer acercamiento con Claudio Arrau fue de niño, con un piano que el músico chileno había tocado en Puerto Montt. Más de 30 años después, como si hubiera estado predestinado, se reencuentra con este artista, esta vez dirigiendo una obra sobre la vida más íntima del chillanejo, que marca el regreso del teatro al Teatro Municipal de Santiago. ¿Cómo fue su primer acercamiento a este arte? ¿En qué se diferencia el trabajo de dirección de una obra de teatro con la de una ópera? Son algunas de las temáticas que aborda Desde la galería.


Por Carolina Jerez Herrera

Las películas de George Lucas, Star Wars, no solo crearon un mundo de ficción que atrae a millones de fans al cine y en cada nueva edición se ven personas con sables de luz. También llevó a Francisco Krebs a descubrir el mundo del teatro. “Siempre me preguntaba cómo hacen esto, cómo logran hacer todos estos mundos de fantasía”, y con esa curiosidad, sus pasos lo llevaron a dirigir nuevas historias.

Oriundo de Puerto Montt, Krebs es un convencido de que “El teatro ayuda a sanar el alma”. Hoy, el actor y director de escena tiene la misión de dirigir la obra que trae de regreso al teatro de tablas al Teatro Municipal de Santiago después de 20 años, Arrau, el otoño del emperador. Su invitación va más allá: “Es volver a reunirnos y compartir un espacio que nos haga pensar como personas de la importancia de reencontrarnos”. 

 

Francisco Krebs, 2022. Foto: Patricio Melo.

¿Cuál fue tu primer acercamiento con el teatro?

Para ser sincero llegué al teatro desde el cine. Yo nací y me crié en Puerto Montt y había muy poco teatro, salvo los temporales teatrales que tomaron más fuerza cuando yo ya estaba en Santiago. Mi llegada al teatro tiene que ver también con ciertas instancias que se dieron en el colegio, donde hacíamos videos o cosas que nos interesaban en esa época. No sabía que me iba a dedicar a esto, pero sí me interesaba y me entretenía mucho. Llegué a Santiago a estudiar teatro sin saber muy bien de qué se trataba.

¿Recuerdas alguna película que haya sido clave en esa decisión? 

Puede sonar gracioso, pero Star Wars fue como una inspiración. Una influencia muy grande cuando era niño y joven. También ciertas películas de suspenso como Tiburón, o películas como El Padrino, donde que me interesaba mucho lo que había detrás de esto. Siempre me preguntaba cómo hacen esto, cómo logran hacer todos estos mundos de fantasía o toda la maquinaria que involucra poder generar estos efectos especiales. Y por otra parte, con El Padrino por ejemplo, me atraía mucho la actuación, lo que hacían estas gigantes figuras del cine y cómo lograban atraparte en estas ficciones, construyendo mundos que de verdad te aislaban de la realidad y te permitían sumergirte en historias muy entretenidas y también muy terribles, pero que por sobre todo estaban muy bien contadas. Junto con maravillarme por el resultado, aparecía la curiosidad por entender cómo se hacía y se conseguía esto que uno veía y te atrapaba.

¿Hubo algún hito específico que te decidió a dedicar tu carrera profesional al teatro?

La verdad es que no, en el camino fui entendiendo de qué se trataba. Comencé a actuar muy chico, estando en la escuela de teatro. Con 19 años ya estaba actuando profesionalmente porque un profesor, que se llama Amílcar Borges, que ahora es director de la Escuela de Danza de la Universidad de Chile, me invitó a participar a una compañía como actor e hicimos un montaje que era de lucha libre. Se llamaba Cachacascán y era básicamente aprender lucha libre con los ex titanes del ring, montando un espectáculo en el ring pero desde el teatro. Me tocó viajar por Chile y tener temporadas siendo muy joven. No tenía ni 20 años, y por lo tanto, el teatro empezó a ser una profesión antes incluso de egresar de la universidad. 

Fui ayudante de él (Amílcar Borges) por mucho tiempo. Trabajé en una compañía como diez años, fue intenso. Eso me permitió ir poco a poco comprendiendo de qué se trataba este trabajo. 

Francisco Krebs en obra de teatro “Ausencia”, año 2005.

Amílcar Borges.

¿Tienes algún referente o modelo a seguir en el ámbito cultural y teatral?

Soy un admirador del trabajo de varios directores y directoras, pero si tuviera que nombrarte a tres personas, te diría que Thomas Ostermeier, un director alemán de teatro; el trabajo de Rimini Protokoll, también me parece muy interesante; el fallecido director esloveno Tomaž Pandur; y Pina Bausch, la directora de danza teatro alemana, fallecida hace años atrás. Creo que son referencias que de una u otra manera han estado muy presentes en mi recorrido como director. 

¿Te gusta más estar en el papel de actor o director? ¿Por qué?

Me gusta mucho más dirigir, pero las veces que actúo, de alguna manera, me concentro en aspectos que tienen que ver con la obra, con los compañeros y compañeras. En el trabajo como actor uno se desliga de todas las otras responsabilidades que tiene el trabajo de dirección y que mucha gente desconoce. Generalmente, en la industria cultural, todo es más precario de lo que la gente cree. Por lo tanto, como director, uno no solo se preocupa de aspectos que tienen que ver con lo escénico, sino también de producción, difusión y de todo lo que hay detrás para que una obra funcione. Hay mucho más trabajo que actuar, por eso me gusta mucho más dirigir, pero obviamente me toma más tiempo. 

¿Existen diferencias en el trabajo de dirección de una obra que recoge elementos históricos, como es Arrau, el otoño del emperador, en comparación con una obra de ficción? ¿Qué desafíos significa?

Hay una diferencia fundamental, sobre todo en este tipo de obras con personas que existieron y tuvieron una repercusión cultural importante en el mundo entero. Existe mucha información a la cual tenemos acceso, por lo cual hay un trabajo de investigación que está muy direccionado. Primero, a levantar la mayor cantidad de información que exista. En este caso de Arrau, de su familia; de las personas que rodearon su vida; y eso en algún sentido facilita el trabajo. La pega es más bien de selección de esos materiales y cómo esto se traspasa hacia el elenco o hacia aspectos del equipo artístico, como la iluminación o del vestuario.

En el caso de una obra como Hamlet, obviamente es un personaje de ficción y existe una importante cantidad de referencias, de puestas en escena o películas que se han hecho al respecto. Se parte desde un personaje escrito, en ese caso, por Shakespeare. Las interpretaciones que podemos darle son infinitas y básicamente son las que uno como creador o creadora quiera tomar. Cuando trabajamos con obras biográficas o que cruzan personas que han existido, el acercamiento que uno tiene al material varía un poco.

Francisco Krebs dirigiendo ensayo de “Arrau, el otoño del Emperador”, año 2022.

¿Existe menos libertad en estas obras históricas?

En el buen sentido, sí, porque obviamente hay libertad. Salvo que uno quiera cuestionar o tensionar ciertos aspectos biográficos del personaje en cuestión. Se está en diálogo constante con la vida real de una persona, con lo que realmente vivió y quedó registro de él. En este caso particular de Arrau, hemos querido meternos justamente en su vida y por lo tanto, es como una guía y un eje que ha direccionado todo el camino del proceso creativo

¿Qué conocimiento tenías de Claudio Arrau antes de realizar la dirección de la obra? ¿Cómo ha sido tu acercamiento desde que partiste, hasta ahora?

Antes de la obra había un acercamiento de mi parte que era de cultura general, de comprender su figura y la importancia que había tenido en la historia de nuestro país y en el mundo, sobre todo en la música, pero conocía muy poco de su biografía. Había un acercamiento también más personal. La casa de mi vecina (en Puerto Montt) tenía varios salones grandes, pero había uno en particular donde había un piano que había sido tocado por Arrau. Entonces, desde muy chico, crecí con ese interés por saber quién era esa persona que había tocado ese piano y por lo que no nos dejaban entrar a ese salón.

Es una gran coincidencia. De hecho, escribí algo a propósito de la obra para el programa y menciono eso. Es como que ese círculo se cierra al momento de poder estar ahora con un piano que tocó Claudio Arrau, durante mucho rato, por esta obra. Mi acercamiento era en ese sentido personal, pero muy desde afuera. Era una cosa más estética, de cómo me maravilló ese objeto, la historia que había detrás. Y también, a propósito del montaje y del tiempo que se extendió a causa de la pandemia, la investigación que hicimos junto a Ximena fue muy profunda. Me he detenido a leer y visualizar una cantidad enorme de material y también a entrevistar a personas que cruzaron su vida, o tuvieron la experiencia de compartir con él. Por todo esto, hoy mi conocimiento sobre él es mucho más profundo.

Pasa algo bien particular. Como estamos trabajando con él como persona y personaje, pareciese ser que los mismos ensayos nos van dando un entendimiento de su psicología, de su manera de relacionarse y eso nos da la sensación de que lo conocemos de otro lado, desde un lado más humano sin haberlo conocido. Lo que hace la obra es sintetizar los aspectos más importantes de su vida. A ratos citar, literalmente, desde la dramaturgia. Por lo tanto, ahí hay un conocimiento de la persona que es más profunda que simplemente leer una biografía. 

Francisco Krebs y elenco de “Arrau, el otoño del Emperador”. Foto: Patricio Melo.

 

Este piano que está en la casa de tu vecina en Puerto Montt, ¿nunca pudiste verlo o tocarlo?

No, tocarlo nunca. Logramos entrar, pero no nos dejaron nunca sentarnos a tocarlo. Hoy en día, esa casa es un centro cultural en Puerto Montt, como un monumento histórico, aunque desconozco si está el piano ahí todavía.  Parece ser que después de Claudio Arrau, no lo tocó nadie más. Viéndolo en retrospectiva, da una sensación de que de alguna manera Claudio Arrau aparece en mi vida cuando era muy niño y hoy volvemos a encontrarnos con este proyecto.

¿Qué significa para ti dirigir esta obra que trae de regreso el teatro de tablas al Teatro?

Una alegría muy grande, me siento muy honrado por esta invitación. Es muy significativo, creo que volver a abrir espacios para el teatro, sobre todo en este contexto de pandemia o esperemos post pandemia, es muy importante. Lo valoro profundamente y agradezco también que exista esta puesta en valor del teatro, de traerlo de vuelta al espacio. Es importante para las artes escénicas en este país, creo que es una señal también para el resto de las instituciones culturales, justamente como de volver a poner en valor estos espacios para las artes.

¿Con qué te gustaría que se quedarán los públicos después de ver la obra? 

El otro día conversábamos para la tertulia virtual que de alguna manera el teatro ayuda a sanar el alma. En general yo soy más escéptico en mi vida, pero en estos tiempos creo que todas estas instancias; sobre todo en este tipo de obras que están cruzadas por la música y están construidas y dirigidas para generar un espacio de contemplación, de dejarse atrapar por una historia, por la música; creo que son instancias que junto con reunirnos y volver a encontrarnos como personas, también pueden ayudar un poco a sanar, a aportar de alguna manera, equilibrar un poco esta sensación ambiente que existe de tanta violencia por todas partes. Creo que las artes en general, y el teatro en particular, tienen algo que decir respecto a eso. De a volver a reunirnos y compartir un espacio común en torno a las artes, que nos haga pensar como ciudadanos, como personas, de la importancia de encontrarnos

Actualmente eres artista residente del Teatro Municipal de Santiago y este año, además, estarás en la dirección dramática de la ópera La Traviata, ¿Qué diferencias existen en la dirección de una obra de teatro como Arrau, el otoño del emperador y una ópera como La Traviata?

Hay algo fundamental que tiene que ver con los tiempos de ensayo y de producción. En el teatro, generalmente el tiempo que uno ensaya con el elenco es mucho mayor al que uno ensaya en la ópera, donde tiene un periodo de tiempo más corto, y por lo tanto el trabajo es mucho más objetivo, concreto, eficiente y hay mucho trabajo por detrás. En ella, todas las áreas participan. Una super producción debe concentrarse en ese tiempo de ensayo, dialogar y sacar adelante el proyecto. En el teatro hay proyectos que pueden durar meses de ensayo y de búsqueda, eso es algo que en general no sucede en la ópera. También hay otros aspectos, que tienen que ver con mi trabajo, y es el diálogo, por sobre todo de los cantantes, que además actúan. Hay códigos de trabajo y maneras de dar ciertas indicaciones, de acercarnos a la comprensión de un personaje, que claramente están cruzadas también por el hecho de que se canta, que hay una producción que es mucho más grande que lo que ocurre en una obra de teatro. Las óperas, por su naturaleza, no buscan la intimidad, aún cuando pueden haber escenas que ocurren en espacios interiores, o sugieren cierta intimidad, están pensadas para grandes escenarios y eso también requiere una mirada que ponga en valor y se detenga justamente en eso. Hay una espectacularidad propia del lenguaje que forma parte fundamental de lo que uno hace como director. Un ojo distinto, que en otras cosas también debe considerar la cantidad de gente que especta, que escucha y también, evidentemente, hay una diferencia que tiene que ver en este caso con la orquesta, el coro, el director musical. Es un equipo de gente mucho más grande y por lo tanto se requiere un trabajo de diálogo mayor al que ocurre en una obra de teatro. 

Ópera La Traviata, año 2016. Foto: Patricio Melo.

¿Qué crees que le hace falta a la industria cultural nacional para mejorar la realidad del teatro en Chile?

Creo que más apoyo por parte del Estado. Generar una institucionalidad cultural más fuerte, que no dependa simplemente de los fondos concursables para poder llevar adelante proyectos. Me parece que hay compañías, equipos, ciertas instituciones, como por ejemplo el Teatro Municipal de Santiago u otros teatros, que no debiesen pasar por los fondos concursables para recibir fondos del Estado, sino que debiesen tener acceso a fondos permanentes. Porque son instituciones, compañías o artistas que han demostrado a cabalidad un trabajo consistente y de alta calidad artística a lo largo de los años. Eso además va en desmedro de gente que está recién empezando y que de alguna manera tiene que “competir” con artistas o instituciones que ya tienen renombre. No está muy bien equilibrado el asunto. Me parece que también las instituciones o espacios son los encargados de generar líneas programáticas, pero es importante que haya un trabajo que permita la circulación de los proyectos que se generan, para que las obras no nazcan y mueran simplemente en una temporada, sino que puedan moverse por los distintos centros culturales o espacios que existen en el país. También creo que es importante que los artistas comprendamos que el rol de nosotros como creadores no tiene que ver solamente con lo que ocurre en la escena, sino también con los públicos, con las audiencias y que desde ahí también tenemos una responsabilidad para entender de qué manera facilitamos el acceso a nuestras obras. Que seamos capaces de entender todo lo que rodea en mediación para comprender, de manera más integral, los proyectos artísticos y no simplemente lo que ocurre en la escena en momento de una función. 

¿Si pudieras elegir la temática de una obra de teatro que sea de la vida de algún otro artista o músico nacional, de quién sería?

A mí me llama mucho la atención Nicanor Parra. Creo que su vida y su obra es de una creatividad y de una consistencia impactante. Me parece que el ejercicio que él hizo con El Rey Lear, al traducirlo, y hacer una versión para teatro, que en su momento dirigió Alfredo Castro, es maravillosa y da pena que no hayan existido más ejercicios de ese tipo de su parte. Entiendo que hay algunos intentos que no llegaron a puerto, pero creo que él es una figura que merece la pena detenerse. Obviamente hay otras figuras pero que ya han sido visitadas desde el cine también, como el caso de Violeta Parra, que me llama mucho la atención no solo por su música, sino sobre todo por su trabajo creativo desde las artes visuales. Creo que se conoce mucho más lo que ella hizo en términos musicales que lo importante que también fue su trabajo de arpillería y las distintas exposiciones que hizo por el mundo con su obra. Creo que lo haría de esas dos figuras muy emblemáticas. Y hay algo que quizás es más popular y que se escapa un poco de estas figuras, pero que a mí siempre me ha llamado la atención, que es la figura de Zalo Reyes. Hay un proyecto que yo tengo hace años atrapado con Pablo Paredes y Luis Barrales, dos dramaturgos amigos, que tenía que ver justamente con hacer un musical desde Zalo Reyes. Me parecía que era una persona que nos permitía contar la historia de Chile desde la dictadura, la transición, hasta el hoy. En su biografía hay aspectos que nos pueden hablar del país y del recorrido que hemos tenido en los últimos cuarenta años.

Nicanor Parra, Violeta Parra, Zalo Reyes.

Dejando un poco de lado tu faceta teatral, ¿a qué te habrías dedicado si no hubiera sido el teatro?

Yo soy un amante de las artes visuales. Soy pésimo pintando y dibujando, pero la instalación, el site-specific o las intervenciones artísticas son espacios y disciplinas que siempre me han llamado mucho la atención. He intentado desarrollar algunos proyectos, he hecho cortometrajes en stop motion que han participado en algunos festivales y cosas. Es un área que me gustaría poder desarrollar. Toma mucho tiempo, y obviamente el teatro y la ópera, me consumen mucho tiempo. Es algo que me gusta mucho y me gusta hacerlo y verlo, me llama mucho la atención.

También creo que son interesantes ciertos espacios que se dan en redes sociales y cómo estas pueden ser ocupadas como un territorio para el arte. Aunque parezca extraño, en las comunidades que ahí se forman, el arte tiene algo que decir.

 


Cuestionario Desde la galería

Un recuerdo de infanciaAndar arriba de los carros bomba de la Segunda Compañía “Germania” de Puerto Montt, desde los 6 a las 12 años. Mi familia estaba ligada a esa compañía, un bisabuelo la fundó. Yo recuerdo de manera muy feliz, andar en carro de bomba e ir a llenar los carros de agua, acompañando a un tío. Es un recuerdo muy feliz de mi infancia. 

Mi primer amor artísticoLas películas de George Lucas, Star Wars.

Una persona que admiroMi madre.

Mi obra de cabeceraHamlet.

Mi leitmotiv: Dar siempre lo mejor de uno según las circunstancias que nos toca vivir.

Mi escenario ideal: Hoy, el Teatro Municipal de Santiago.

Un secreto de la comuna de Santiago: Los libros maravillosos que uno se puede encontrar en las librerías de San Diego.

En mi pantalla: Succession, estoy viendo la última temporada. Better Call Saul, que también estoy siguiéndola día a día. Creo que la adrenalina o lo agitado del día necesita ciertos espacios de relajo, por lo que siempre estoy volviendo a The Office, que es más distendido y son capítulos cortos. La he visto muchas veces, me sé de memoria todo, es como volver a encontrarse con esos espacios que uno sabe que se va a relajar y va a disfrutar por media hora.

En mi papel: Estoy leyendo el último libro de Éric Sadin, La era del individuo tirano. También Vida y Arte de Verdi, de Julian Budden, Rubato de Paolo Bortolameolli, Velar la imagen de Paz López, y estoy terminando de leer un libro de entrevistas sobre Claudio Arrau, que básicamente lo escribe un ex estudiante.

 


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