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El retorno de Iván Nagy y la era de Marcia Haydée | 1996 – 2020

En 1996, tras casi tres años de trabajo con el Ballet de Santiago –durante los cuales compartió la dirección de la compañía nacional con la del Ballet de Stuttgart– Marcia Haydée dejó su cargo para radicarse exclusivamente en Europa. Si bien su partida dejaba entonces un importante vacío en el Municipal, durante el tiempo que estuvo a la cabeza de la agrupación, Haydée sentó las bases de excelencia y renovación del repertorio que seguirán siendo desarrolladas hacia el nuevo milenio.

Ivan Nagy y Marylin Burr

Escoger un sucesor para la maestra brasileña no era tarea fácil; ella dejaba una compañía ya conocida a nivel internacional y que comenzaba a ampliar su repertorio hacia nuevos títulos del ballet neoclásico y moderno. De este modo, cuando hacia 1996 se concretó el regreso al Municipal de Santiago de la dupla conformada por Ivan Nagy y Marylin Burr, esto constituyó un alivio y el inicio de una nueva etapa de trabajo duro y perfeccionamiento. Nagy, maestro de danza de origen húngaro, volvía al teatro con un nutrido currículo internacional: había dirigido el Ballet de Santiago entre 1982 y 1986 y retornaba después de liderar el Ballet de Cincinnati entre 1986 y 1989, y el English National Ballet entre 1990 y 1993.

En esta nueva etapa al mando de la compañía santiaguina, Nagy optó por retomar la dirección que había tomado una década atrás. En cuanto a la danza, el perfeccionamiento técnico y la excelencia interpretativa fueron dos de sus pilares fundamentales. Para conseguirlos, instauró exhaustivos regímenes de trabajo supervisados por su compañera sentimental, Marylin Burr, reconocida maestra de baile. Además de los avances en términos específicamente dancísticos, la administración de Ivan Nagy también dio relevantes pasos hacia la modernización y renovación de la compañía en términos administrativos, de contingente y en cuanto a insumos, promoviendo las visitas e intercambios con compañías extranjeras.

Durante su primera temporada de trabajo, en el año 1996, el Ballet de Santiago interpretó clásicos como El corsario de Dirgo/Petipa o Giselle de Adam/Nagy; pero también incluyó algunas novedades, como la Balada de un momento con música de Ástor Piazzolla y coreografía del chileno Jaime Pinto, o Tiempo de percusión con música de Alejandro García y coreografía de Hilda Riveros. No obstante, quizás el punto más álgido de esta primera temporada fue la gala de ballet realizada con ocasión de la despedida de los escenarios de la legendaria bailarina uruguaya Sara Nieto.

Para la temporada de 1997, la compañía de Nagy continuó el arduo trabajo, presentando un total de once programas, lo cual refleja la intensidad del trabajo técnico que promovió la dupla Nagy y Burr. Entre los momentos más destacados, es necesario mencionar la realización de la gala Estrellas mundiales del ballet, que contó con la participación de importantes bailarines internacionales como Agnes Oaks y Thomas Edur del Ballet de Birmingham, Lorena Feijoo del Joffrey Ballet y Carlos Acosta del Ballet de Houston. Adicionalmente, la compañía se benefició de la visita de dos importantes personajes: Victoria Simon arribó a nuestro país para realizar el remontaje de Tema y variaciones de George Balanchine – preparando a la agrupación para el estreno de este título en Chile– y también la gran estrella del ballet ruso Natalia Makarova fue invitada para montar su propia versión del clásico La bayadere.

Los años 1998 y 1999 mantuvieron el exigente ritmo de presentaciones que la compañía había llevado en los años anteriores, interpretando títulos diversos que abarcaban desde el ballet romántico, hasta piezas neoclásicas e incluso modernas. Adicionalmente, durante esta época ocurren dos grandes avances para la compañía. Primero, Ivan Nagy gestiona la compra de derechos del ballet Manon de Kenneth MacMillan, convirtiendo al Ballet de Santiago, en palabras de Susana Ponce de León, en “la primera compañía latinoamericana en tener en repertorio a dos de los grandes coreógrafos del ballet teatro, Cranko y MacMillan”. Además, el director promueve la iniciativa de enviar al entonces bailarín principal del Municipal, Pablo Aharonian, a Inglaterra para convertirse en el primer sudamericano en adquirir formación como coreólogo. Esto último tendrá un fuerte impacto en la compañía, posibilitando y facilitando la conservación y recuperación de repertorio.

A pesar del innegable aporte de Ivan Nagy, su salida definitiva de la dirección de la compañía no se dio en el mejor contexto. Hacia el 2000, diversos problemas llevan a los bailarines de la agrupación a aprobar una huelga sindical que, sumado a otros factores como su edad y nuevos proyectos profesionales, terminan por llevar al maestro húngaro a firmar su renuncia definitiva. Tras su salida, el cargo vacante fue ocupado por el colombiano Ricardo Bustamante, que recibió a una compañía renovada y en poder de un nutrido repertorio, pero deseosa de encontrar nuevos rumbos artísticos.

Destacado bailarín, Ricardo Bustamante había integrado compañías como el Ballet de San Francisco o el American Ballet Theater, y había liderado la compañía de ballet del Teatro Colón de Buenos Aires. Bajo su guía, el Ballet de Santiago pasó casi tres años, durante los cuales la compañía se volcó a la interpretación de grandes clásicos como Coppelia y El lago de los cisnes, pero también innovó con el estreno en Chile del ya citado Manon de Macmillan u obras como Pinocho de Jaime Pinto. Además, durante la administración de Bustamante la compañía continuó recibiendo la visita de afamados cultores de la danza a nivel internacional, entre las cuales una de las más relevantes fue la venida a nuestro país de Julio Bocca y el Ballet Argentino, o Ángel Corella y Gillian Murphy, provenientes del American Ballet Theater.

A comienzos de 2003, luego de un acuerdo común entre el maestro y la Corporación Cultural de Santiago, Ricardo Bustamante deja la dirección de la agrupación capitalina. Nuevamente se iniciaba el proceso de búsqueda de una figura que pudiera hacerse cargo de la compañía y llevarla hacia una nueva etapa. Así, momentáneamente el Ballet de Santiago realiza parte del temporada 2003 comandado por su subdirectora Luz Lorca, mientras vienen a nuestro país distintos invitados, entre los que se cuentan la exdirectora Marcia Haydée.

Marcia Haydée

Marcia Haydée

Luego de conversaciones y habiendo dejado ya su rol en el Ballet de Stuttgart, en 2004 Marcia Haydée asume nuevamente como directora del Ballet de Santiago, cargo que conserva hasta el presente. Este es el comienzo de una nueva era para la compañía, en la cual consolida su rol de embajadora cultural –promoviendo muchas visitas a regiones y al extranjero– además de consolidar su primacía interpretativa, perfeccionando ante todo, la capacidad dramática de sus bailarines y su versatilidad.

Los diecisiete años que Marcia Haydée ha liderado al Ballet de Santiago han cosechado grandes éxitos y gratos momentos. En relación a la visión de Haydée de potenciar la presencia internacional de la compañía, se han realizado importantes giras al exterior, en las cuales la agrupación se ha ganado el reconocimiento de la crítica. Por ejemplo, hacia 2005, Haydée y la compañía parten a Venecia donde se presentan en la Bienal de Danza con Cuerpos pintados y los pájaros de Neruda con coreografías de Georgette Farías, Eduardo Yedro, Johan Ortiz y Jaime Pinto, para luego, ese mismo año, presentar Don Quijote de Pinto en el Festival Cervantino de Guanajuato en México. Más adelante, en 2013, la compañía realiza una exitosa gira a China, donde se presenta en escenarios de Wuhan, Beijing y Wuxi. En cuanto a redes latinoamericanas, Haydée ha llevado a la compañía a presentarse en países como Brasil, Colombia, Argentina y Uruguay, entre otros. Durante la administración de la maestra brasileña, el Ballet de Santiago ha interpretado y estrenado memorables títulos, que han conquistado a la crítica y la audiencia, entre los que se cuentan Madre Teresa y los jóvenes del mundo de Maurice Béjart, Los tres mosqueteros de André Prokovsky, 30 & tr3s horas bar de Eduardo Yedro, Who cares? de George Balanchine, Mayerling de Kenneth MacMillan y Zorba, el griego de Lorca Massine, entre otros. También, ha continuado el intercambio con importantes figuras de la danza como Luigi Bonino, Georgette Tsinguirides y Sandra Jennings, entre muchos repositores especialistas que han alabado el talento de los bailarines.

Tres importantes galas marcaron estos últimos años, testimoniando los ejes de la administración de Haydée y cómo ha logrado obtener lo mejor de la agrupación nacional. Primero, en el año 2007, celebrándose los 150 años del Municipal de Santiago, tuvo lugar una función extraordinaria que estuvo enteramente a cargo del cuerpo estable de danza, que para la ocasión interpretó fragmentos como Serenade de Balanchine, Carmen de Marcia Haydée, El corsario de Petipa, Bakti y Bolero de Maurice Béjart, y My way de Stephan Toss, que muestran la gran versatilidad estilística de la compañía.

El mismo año, tuvo lugar una especial gala titulada Noche Cranko, que celebró la tradición y la historia. Por una parte, la función estuvo dedicada a los dos destacados bailarines de la compañía, Marcela Goicoechea y Luis Ortigoza, que tras años de intenso trabajo y reconocimiento público se convirtieron en los primeros intérpretes en ser ascendidos al cargo de primeros bailarines estrella del Ballet de Santiago, mismo nombramiento que años después recibirían Andreza Randisek, Natalia Berríos y Rodrigo Guzmán. Adicionalmente, esta gala celebró la historia de la propia maestra Marcia Haydée, al estar centrada en el trabajo coreográfico de John Cranko, quien fuera una figura trascendental en la carrera interpretativa de Haydée en el Ballet de Stuttgart y cuyo legado ha transmitido al Ballet de Santiago.

Por último, en 2009, la compañía celebró sus primeros 50 años de vida con una gran gala que incluyó un recorrido por importantes títulos y la presencia de destacados bailarines extranjeros. Entre las piezas seleccionadas se interpretó Iniciales R. B. M. E. de John Cranko, Peony Pavillion de Fei Bo, In the middle somewhat elevated de William Forsythe y fragmentos de El corsario, La bella durmiente, Don Quijote, Giselle y El lago de los cisnes. Entre las estrellas invitadas estuvieron Cao Shuci y Xing Liang del Ballet Nacional de Beijing, Aki Saito y Wim Vanlesse del Royal Ballet de Flandes y Joel Carreño del Ballet Nacional de Cuba.

En 2020, Marcia Haydée dejó la dirección de la compañía, dejando lo que, en palabras de Susana Ponce de León, constituye su principal legado: “En el escenario hay que dar todo de sí, sin miedo y en total libertad”. Desde 2021, Luis Ortigoza, destacado bailarín y coréografo argentino-chileno, asumió la dirección artística del Ballet de Santiago, comenzando así una nueva etapa en la historia de la agrupación.

En sus más de 60 años de historia, el Ballet de Santiago ha vivido triunfos y desencuentros, aciertos y dificultades. Por las salas de la compañía han desfilado el talento de numerosos directores, bailarines, maestros de danza, pianistas de ensayo, equipo técnico y médico, y todos han contribuido a llevar a esta agrupación al lugar que ostenta hoy entre la crítica, pero más importante aún, entre el público chileno y la historia de la danza nacional.

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