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El incendio de 1870

En 1870 el Teatro Municipal de Santiago sufrió un incendio devastador, que implicó su completa reconstrucción. Con este hecho, lamentablemente nace un mártir de la recién creada Compañía de Bomberos de Santiago, y la tercera a nivel nacional, su nombre: Germán Tenderini y Vacca.

El primer gran centro cultural, reflejo de la república

El Teatro Municipal de Santiago fue inaugurado el 17 de septiembre de 1857 por el presidente Manuel Montt. Construido con la idea de ser el centro cultural más importante del país, el Municipal rápidamente se convirtió en un punto de encuentro y referente cultural de la alta sociedad santiaguina. Ubicado en la calle Agustinas, en lo que antiguamente fue la Universidad Real de San Felipe (donde se imprimió la primera copia de La Aurora de Chile), el edificio de estilo neoclásico francés se abrió un espacio entre la creación de la nueva república chilena.

Teatro Municipal de Santiago luego de su fundación en 1857.

El primer día que hubo función asistieron las más importantes autoridades del gobierno y entre ellos también intelectuales. La temporada comenzó con Ernani de Giuseppe Verdi. Los días siguientes las presentaciones no cesaron al menos hasta una semana después. Con el paso del tiempo el Municipal se convirtió en un panorama imperdible, por la calidad de sus artistas, su variada programación y porque las artes escénicas en general eran el estímulo y diversión de la población.

Dibujo de cómo lucía el Teatro Municipal de Santiago entre 1857 y 1870, previo al incendio.

Con la construcción de la República, lo que implicaba la fundación y creación de instituciones culturales fundamentales para un país como la Biblioteca Nacional, el Museo de Bellas Artes, el Congreso, el actual Archivo Nacional y la Estación Central de Ferrocarriles, entre otros, se dio paso a la modernización de la ciudad de Santiago principalmente entre 1850 y 1880.

Con un país en crecimiento y consolidación, ocurrió un fatídico hecho el 8 de diciembre de 1863, el incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús, una de las más concurridas de Santiago por su ubicación, donde actualmente está ubicado el Palacio del ex Congreso Nacional. Más de 2 mil personas se encontraban en el lugar, esperando la celebración de la Concepción Inmaculada de María Santísima cuando, sin razón aparente, comienzan a arder los sillones, textiles y objetos del lugar. Antiguamente gran parte del mobiliario estaba relleno de crinolina, un elemento altamente inflamable. Miles de mujeres quedaron atrapadas en su interior mientras intentaban escapar. Sus enormes vestidos, también con rellenos de crinolina en el falso, no permitían la circulación ni salida del lugar. Las puertas de la iglesia se abrían hacia el interior y era tanta la presión que se ejercía por salir que no existió modo alguno de quitarlas. 

La revista El Ferrocarril indicó: “Cuerpo sobre cuerpo, se formaba una muralla compacta y numerosa. Había mujeres que resistían el peso de diez o doce, otras tendidas encima, a lo largo, a lo atravesado, en todas direcciones. Era materialmente imposible desprender una persona de esa masa compacta y horripilante. Los más desgarradores lamentos se oían del interior de la iglesia.” 

Sin duda, este acontecimiento dejó al descubierto las falencias que existían a nivel de obras y funcionamiento público. Si bien existían y se creaban constantemente espacios para las instituciones, estas no funcionaban como tal. Quedó al descubierto la necesidad de modernizar la ciudad en general, el Teatro Municipal de Santiago fue la primera gran obra en tener iluminación a gas, y con esto se creó un Cuerpo de Bomberos de Santiago que ya existía en Valparaíso, Ancud y Valdivia. Bajo esa línea, en 1863 se realizó un llamado a nivel nacional para reunir voluntarios para la Compañía de Bomberos de Santiago “Salvatore”. A ese llamado asistió Germán Tenderini, un italiano que había llegado al puerto de Valparaíso. 

Función del 8 de diciembre de 1870

En aquel entonces el edificio del Teatro Municipal de Santiago funcionaba a través de concesiones para diferentes empresas artísticas por épocas. Carlota Patti llegó en una de ellas, acompañada de otros famosos artistas como Pablo Sarasate, un violinista español, quien más adelante sería reconocido mundialmente.

Ese día la función se realizó con total normalidad. Estaba programada la presentación de la cantante Carlota Patti, que causaba revuelo en la capital. Era hermana de la famosa Adelina Patti quien también se había presentado en estes escenario, sin embargo entre los más sabidos se comentaba que Carlota poseía mejores dotes para el canto. El problema principal respecto a la popularidad de Carlota era que tenía una situación de discapacidad física, algo que no le permitía moverse con plenitud por el escenario.

Estas tres fotografías corresponden a Carlota Patti, la última persona que cantó sobre el escenario del antiguo Teatro Municipal de Santiago el 8 de diciembre de 1870.

Se interpretaron diversas obras de F. Chopin, L.v. Beethoven y C. Gounod, acompañadas por el pianista Théodore Ritter. La última pieza fue la polka-canción de Guillermo Deichert, quien era un gran compositor alemán avecindado en Chile. «La Risa», su obra, impresa en Valparaíso por Kirsinger y dedicada a Josefina Varas, se hizo famosa gracias a que aquella noche la cantó ocho veces a petición del público. Aunque el recital debía terminar a las 23 horas, sólo a las 23:45 terminaron los bis de la famosa canción.

Programa de Sala del Teatro Municipal de Santiago del 8 de diciembre de 1870.

El Teatro Municipal de Santiago, uno de los edificios más modernos de la época, contaba con iluminación a gas. Según se cree al caer el telón, este golpeó una de las cañerías expuestas y eso causó  la fuga de gas y durante su revisión se encendió una de las antorchas que se usó para iluminar el desperfecto. El telón comenzó a arder inmediatamente así como también gran parte de la escenografía.

La primera persona en llegar a apoyar con el incendio fue Germán Tenderini y un voluntario del Cuerpo de Bomberos Arturo Villarroel, ambos pertenecían a la misma compañía. Santiago Quintanilla, funcionario del Teatro Municipal se les unió entre otros voluntarios, en un intento por apagar el fuego.

Así recordaba después Arturo Villarroel, el único sobreviviente, lo que ocurrió aquella horrible noche en el Municipal:

«Nos encontrábamos cerca del teatro con varios bomberos cuando sentimos las primeras alarmas de la policía que anunciaba el incendio. Nos dirigimos precipitadamente al teatro, y después de algunos esfuerzos llegamos con Tenderini al proscenio donde se nos juntó Quintanilla. Los demás bomberos se habían dirigido a sus respectivos cuarteles en busca de las bombas. Al llegar al proscenio divisamos el fuego en la parte subterránea, hacia el poniente; pero todavía no se manifestaba en la parte superior sino por la luz que salía de los ajustes de las tablas del piso y por el olor sofocante que comenzaban a despedir las materias inflamadas.

Suplicamos a Quintanilla, el que mejor conocía la maquinaria del teatro, que nos indicara los puntos donde nuestros servicios pudieran ser más útiles en esos primeros momentos. Quintanilla me proveyó de un trozo de madera indicándome que debía comprimir, los cañones de plomo que él me señalara, a fin de cortar la comunicación del gas. Mientras tanto, Tenderini se dirigió a preparar el juego de agua que había en el fondo del proscenio. Subimos con Quintanilla por varias partes de la tramoya, seguidos pocos momentos después por Tenderini, interrumpiendo cañones y desenvolviendo o cortando los cordeles que sostenían los telones para arrojarlos al suelo, y en lo cual nos ayudaba un trabajador del teatro, creo que, empleado en la tramoya, y que se encontraba al lado del occidente. Tratábamos de llegar a un punto en que Quintanilla manifestaba la mayor confianza de poder cortar el fuego antes de que tomara mayor cuerpo.

Imagen del Teatro Municipal de Santiago tras el incendio del 8 de diciembre de 1870.

Nos encontrábamos en una parte elevada de la tramoya. El olor que producía el incendio hizo que me sintiera con la garganta oprimida, desvanecida la cabeza y un zumbido en los oídos. Mis compañeros debieron sentirse probablemente tan desvanecidos y sofocados como yo por el humo y el olor de las sustancias que ardían. Vagamos algunos instantes sin dirección fija porque el aire ya nos faltaba.

En esos momentos, Santiago trata de sostenerse con fuerza del cuello de mi ropa, […] me apoyé por un instante no sé en qué, pero luego caímos ambos. Desde entonces, no sé lo que pasó. Conservo un recuerdo vago de que al levantarme me he estrellado contra algún objeto, y que volviendo a caer, he rodado en una escala, según los recuerdos fijos que de esta parte conservo […] En cuanto a Tenderini no recuerdo de él, sino que momentos antes de mí caída con Quintanilla  me decía: lo sigo Villarroel. Desde ese momento, no recuerdo más. Hasta el amanecer del día siguiente estaba persuadido de que Tenderini como Quintanilla hubieran salvado mejor que yo. 

Tenderini era el primero en quien se habían hecho notar los efectos del humo y de la opresión del pecho. Se sentía desfallecido y le grité como amigo ¡Viva la Italia, Tenderini! ¡Viva la República! me contestó, saludando con entusiasmo la reciente emancipación de su patria».

Escombro del incendio de 1870.

Pero, ¿Quién era Germán Tenderini?

Germán Tenderini nació en 1828 en la ciudad de Carrara en Italia. Tempranamente demostró su interés por la ayuda al prójimo como voluntario durante la epidemia del cólera. Tras la fuerte pandemia del cólera que azotó a Europa, Tenderini decide buscar una nueva vida, que reflejara su pensamiento liberal. En 1856 llega al puerto de Valparaíso junto a su madre y su hermano, y se instalan con un negocio de venta de mármol. Inmediatamente se une a la Sociedad de Artesanos la Unión mostrando un profundo compromiso con la educación de los obreros chilenos. Posteriormente, ingresa a la Masonería y luego al Cuerpo de Bomberos de Valparaíso que había sido fundado en 1858. 

En 1862 se traslada a Santiago, tan sólo un año antes del fatídico incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús. Luego de ese suceso, se crearon diversas y pequeñas instituciones organizadas para colaborar en incendios, que finalmente se convertirían en el primer Cuerpo de Bomberos de Santiago, nombrada la Sexta Compañía de Bomberos. 

En Santiago conoce a Antonia Bustamante Sepúlveda con quien se casa en noviembre de 1867.

Germán Tenderini.

La reconstrucción del Municipal

Con un enorme incendio encima y con la lamentable pérdida de dos personas, el Teatro Municipal de Santiago quedó en los escombros. Era tal la magnitud de la noticia que la reconstrucción comenzó al año siguiente. Sin duda este acontecimiento fue uno que dejó, solamente siete años después del gran incendio de la Iglesia de la Compañía, un sabor amargo a nivel nacional e institucional desde los ministerios. Germán Tenderini pasó a ser el primer mártir de bomberos de Chile, siendo homenajeado y recordado hasta el día de hoy. 

El nuevo Teatro Municipal de Santiago se reconstruyó bajo la mano de Lucien Hénault y se reinauguró el 16 de julio de 1973.

Santiago Quintanilla pasó a formar parte de los trabajadores más recordados de la memoria colectiva del Municipal. 

Teatro Municipal de Santiago en 1880.

El 17 de septiembre de 1957, en el marco de la celebración del Centenario del Teatro Municipal de Santiago, se instaló un busto para recordar el incendio de 1870 y al mártir Germán Tenderini, quien representa hasta hoy la honorable causa de Bomberos de Chile.

Busto en honor a Germán Tenderini, ubicado en la calle Tenderini junto al Teatro Municipal de Santiago.

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