Ballet

Años de cambio en el Ballet de Santiago | 1966 – 1981

Después de una auspiciosa temporada de labor artística bajo el nombre de Ballet de Arte Moderno, en 1965 la compañía de danza creada y dirigida por Octavio Cintolesi cambió de nombre a Ballet Municipal de Santiago, para luego constituirse como cuerpo estable de la Corporación Cultural de la Municipalidad de Santiago. De esta forma, la entonces promisoria agrupación –que hoy conocemos como Ballet de Santiago– lograba cimentar su rol de importancia, tanto dentro del Municipal de Santiago, como en el panorama artístico a nivel nacional. Así, según los preceptos estéticos de su creador, se definiría como una compañía versátil y social y culturalmente comprometida.

Luego de este hito legitimador que constituyó su cambio de denominación, al año siguiente, en 1966, la agrupación vivió un duro golpe, pues después de casi ocho años de trabajo ininterrumpido y a causa, entre otras cosas, de un agotamiento personal y laboral, su fundador Octavio Cintolesi fue desvinculado de la dirección de la compañía, tras lo que decidió partir a probar suerte a Europa una vez más. Si bien en sus primeros años fuera de Chile no contó con grandes oportunidades laborales a causa de la agitación social imperante en gran parte del mundo, en términos generales, esta permanencia de Cintolesi al otro lado del Atlántico significó su posicionamiento como uno de los personajes más influyentes de la historia de la danza en la segunda mitad del siglo XX; llegando a dirigir, en 1973, el Ballet de la Ópera de Bonn.

No obstante, el éxito de Cintolesi en Europa no tuvo una réplica directa en la compañía que dejó en Chile, ya que a pesar del cimentado lugar con el que ésta contaba a su salida, para la agrupación su dimisión marcó el inicio de un periodo de reestructuración y búsqueda que se prolongó varios años. Durante estos verdaderos “años difíciles”, el entonces Ballet Municipal de Santiago tuvo una larga sucesión de directores que, a pesar de sus contribuciones, no permanecieron mucho tiempo en su puesto. Más aún, la compañía vivió un paulatino deterioro del proyecto artístico inicial de Cintolesi y también tuvo que adaptarse a una serie de cambios internos tanto a nivel estético-artístico como de contingente humano, pues gran parte de sus integrantes decidieron partir también al extranjero.

Charles Dickson, Genovaite Sabaliuskaite, Alexander Prokofiev

Charles Dickson, Genovaite Sabaliuskaite, Alexander Prokofiev

Inmediatamente después de la salida de Octavio Cintolesi, en 1966 asumió la dirección de la compañía y de la Escuela de Ballet, el coreógrafo y maestro de baile de origen estadounidense Charles Dickson. Este ex bailarín del Ballet de Montecarlo y discípulo de George Balanchine en el American Ballet Theater, venía con muy buenas referencias de un puesto de importancia como maestro de danza del London Festival’s Ballet –hoy conocido como English National Ballet– y como director del Ballet Nacional Chileno. Bajo su dirección la compañía del Municipal se pulió técnicamente y se consolidó en el repertorio académico clásico, dejando atrás sus orígenes más experimentales en el terreno de la danza moderna. No obstante, a pesar de su notable currículo y desempeño, las distintas ofertas que Dickson recibió del extranjero ocasionaron que permaneciera en Chile solo hasta 1967, dejando nuevamente acéfala a la agrupación.

Entre 1968 y 1969, la dirección de la compañía fue asumida primeramente por Blanchette Hermansen y luego por Norman Dixon. La primera, quien era una destacada bailarina, coreógrafa y maestra, se había formado en Chile en la Escuela de Danza de la Universidad de Chile y había vivido todo el esplendor de los primeros años del Ballet Nacional Chileno bajo la dirección de Ernst Uthoff. Dixon, por otra parte, era un ex bailarín de origen inglés, reconocido por su labor como coreógrafo. De acuerdo a la investigadora María José Cifuentes, poco se sabe del trabajo en la compañía de ambos profesionales durante esos años, pero “se tiene certeza de que se mantuvo la técnica clásica […] sobre todo el repertorio de ballets rusos del siglo XIX”.

Durante los años del gobierno de la Unidad Popular, el clima político posibilitó la llegada al Ballet Municipal de Santiago de dos directores formados en la escuela rusa de la danza clásica y contratados por medio del Ministerio de Cultura Soviético. La primera de ellos fue la maestra de baile de origen lituano Genovaite Sabaliuskaite, que asumió la dirección del conjunto capitalino entre 1970 y 1971. Sabaliuskaite, quien al igual que el recordado Vadim Sulima –precursor de la Escuela de Ballet del Municipal– había sido discípula de Agrippina Vaganova, era una laureada y condecorada ex bailarina soviética, con varios premios y años de experiencia a su haber, y dueña de una férrea disciplina rusa que buscó imponer a la compañía. En los años que permaneció en nuestro país, como indica María José Cifuentes “su principal preocupación fue mejorar el nivel técnico de los bailarines, persiguiendo una homogeneización en su estilo”, búsqueda que se traspasó también a la Escuela de Ballet, por esos años dirigida por Yolanda Montecinos, que igualmente optó por desarrollar el método Vaganova. Bajo la guía de Sabaliuskaite, la agrupación nacional interpretó títulos como Coppelia, Cascanueces o el pas de deux de Don Quijote, y volvió a cambiar de nombre, denominándose Ballet del Teatro Municipal.

Luego de la salida de Sabaliuskaite, Alexander Prokofiev, un nuevo maestro soviético, llegó al Municipal y asumió el cargo de la compañía desde 1972 a 1973. Prokofiev, quien era un conocido coreógrafo, volvió nuevamente la mirada a la danza moderna y de creación contemporánea, pero su principal contribución fue ampliar el repertorio de la compañía al incluir títulos como Danza de las espadas, Despertar de primavera o Carmen.

Rosario Llansol

Rosario Llansol

En el entonces Ballet del Teatro Municipal se produjo una nueva y acelerada sucesión de directores que, a pesar de cumplir decente y esforzadamente con su labor –y de resistir a la posibilidad de desaparición de la compañía– no contaron con el clima ni los recursos adecuados para llevar a la agrupación a un sitial de excelencia y reconocimiento internacional. En 1974, de modo provisorio, fue llamada nuevamente a dirigir la compañía Blanchette Hermansen. Luego, entre 1975 y 1979, la sucedió en su rol Rosario Llansol. La contratación de esta última constituyó un hito por ser primera vez que una figura formada al interior del Municipal llegaba a un puesto directivo. Llansol, alumna destaca de Cintolesi, había desarrollado una notable carrera como bailarina de la compañía y asumía su nuevo rol como maestra y coreógrafa con entusiasmo, pero también con ansias por retomar la labor directiva de su mentor. Así, propició el reestreno de muchas obras importantes del ballet francés como Giselle, La fille mal gardeé o Las Indias galantes.

A inicios de 1980, Octavio Cintolesi regresó a Chile y Rosario Llansol le entregó el mando de la agrupación por un segundo periodo. Cintolesi llegó a la agrupación con intenciones de renovar la compañía y pletórico de sus experiencias en Europa, lugar en que tanto el público, como los bailarines y el contexto socio-político eran muy diferentes. De este modo, el coreógrafo gestionó la contratación de talentosos bailarines como la uruguaya Sara Nieto y realizó la producción de obras de estilo moderno y experimental como La consagración de la primavera. Sin embargo, el segundo mandato de Cintolesi fue breve y debido a recurrentes conflictos con las autoridades municipales, optó finalmente por dejar Chile y volver a Europa en 1981, a pesar del notable apoyo que recibió por parte de la crítica y los artistas.

La nueva partida de Cintolesi debilitó una vez más los ánimos de la compañía, que siguió percibiendo la necesidad de renovarse y reestructurarse. Entre 1981 y 1982 los esfuerzos por dirigir, y resistir al cierre de la agrupación, recayeron nuevamente sobre alguien formada en casa. Luz Lorca, también alumna de Cintolesi como lo fuera Rosario Llansol, fue en gran parte la encargada de guiar y gestionar –junto a la Municipalidad– la búsqueda de un nuevo rumbo para la compañía, preparando al conjunto para la llegada de una dupla de maestros extranjeros que darían nuevo aire y vitalidad al actual Ballet de Santiago: la pareja conformada por Iván Nagy y Marilyn Burr.

Ivan Nagy

Ivan Nagy

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