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4 razones para no perderte el Concierto 1: “Dos mundos”

Comienza una nueva programación con funciones presenciales. El primer concierto será dirigido por Francisco Rettig, donde la Orquesta Filarmónica de Santiago interpretará Cantos de la noche, de D. González, un estreno del joven compositor chileno ganador del Concurso de Creación Musical 2019; el Concierto para flauta y arpa, de W. A. Mozart; y la Sinfonía del Nuevo Mundo, una de las obras más populares y reconocidas de A. Dvořák.

Acá te contamos 4 razones por las que no puedes perderte este Concierto 1 Dos Mundos:

  1. Un estreno mundial

Durante una parte considerable de la historia de la música fue común que los compositores crearan música con una finalidad particular o para una ocasión específica. En efecto, en el Barroco y el Clasicismo, la actividad musical fue asociada a una inmediatez. Las audiencias esperaban siempre oír música nueva. Por esto, la mayoría de los creadores componían con la seguridad de que sus obras no sobrevivirían más allá del estreno o, si tenían suerte, un par de presentaciones o temporadas.

No obstante, desde el siglo XIX se comenzó a revalorizar el pasado inmediato y se amplió la conciencia histórica y de futuro. Esto, decantó en la conformación de un canon musical tradicional, el rescate y vuelta al repertorio de música de siglos anteriores y la proyección de algunas obras a través de la edición o la institución del concierto público.

Todo esto hizo que la práctica de la música de tradición escrita se transformara en lo que la filósofa Lydia Goehr ha descrito como “un museo de obras musicales”, que se sostiene sobre el supuesto de que el acto de ir a un concierto implica acudir a oír música antigua, originada en el pasado. 

Esta concepción tan difundida del concierto ha impactado sobre los auditores, desacostumbrándonos a ser parte de los estrenos de nuevas obras. En esta línea, en el Concierto 1 Dos Mundos tendremos la oportunidad de presenciar el estreno absoluto de la obra Cantos a la noche, creada por el joven compositor chileno Diego González en 2019. Esta pieza, que fue galardonada con el primer lugar en el II Concurso Nacional de Composición del Municipal de Santiago, toma forma de un poema sinfónico y reflexiona, entre otras cosas, sobre la dialéctica entre tradición y renovación. 

2. Combinaciones instrumentales destacables

Conocido como uno de los grandes maestros de la orquestación, el compositor ruso Nikolai Rimsky-Korsakov expresó en una ocasión que “una obra se concibe en términos del uso de la orquesta, ya que ciertos colores tonales son inseparables de ella en la mente de su creador y le son propios desde la hora de su nacimiento”. Si bien esto, puede no ser aplicable a la totalidad de los creadores, sí han existido muchos que han dado a la elección de determinados instrumentos un sentido particular, prefiriendo unos por sobre otros.

En este sentido, el Concierto 1 nos presenta la oportunidad de escuchar algunas piezas cuyos usos instrumentales constituyen una particularidad que nos hacen posible oír obras cuya elección en términos de instrumentación estuvo revestida de un significado particular.

Por una parte, el Concierto para flauta y arpa en Do Mayor, K. 299/297c puede ser considerado una rareza en el amplio catálogo de W. A. Mozart. Además de constituir uno de los solo dos conciertos que el austriaco compuso para una dupla de instrumentos, esta es la única pieza de las más de 600 que Mozart llegaría a completar en su carrera en la que hace uso del arpa, un instrumento que, durante el Clasicismo, era considerado más bien limitado.

Así también, el Concierto K. 299/297c es parte de solo un puñado de obras que el nativo de Salzburgo creó para la flauta, un instrumento con el que, según consta por parte de su correspondencia personal, no se sentía del todo cómodo. A pesar de su singularidad en términos mozartianos, el Concierto en Do Mayor es ampliamente interpretado hoy en día y, en parte, fue uno de los trabajos que permitieron la popularidad que tuvo durante el Romanticismo la combinación de flauta y arpa.

Por otro lado, la Sinfonía n.º 9 en Mi menor, op. 95 del compositor checo Antonín Dvořák aparece ante nosotros como una verdadera paleta de colores orquestales. Sin embargo, particularmente en su segundo movimiento, podemos escuchar uno de los solos más valorados y reconocidos del repertorio para corno inglés. Según consta por los primeros bocetos de la sinfonía, el solo escrito por Dvořák originalmente iba a ser interpretado por un clarinete, sin embargo, el compositor cambió la instrumentación porque el sonido profundo y suave del corno inglés le evocaba la voz de su amigo Harry T. Burleigh.

3. Variedad de estéticas

El Concierto 1 agrupa tres obras escritas durante diferentes épocas que, por lo tanto, nos muestran un nutrido abanico de estéticas musicales. El programa –que comienza por el Concierto para flauta y arpa de W. A. Mozart, compuesto en 1778, prosigue con la Sinfonía n.º 9 de A. Dvořák, que data de 1893, y culmina con la obra Cantos de la noche de Diego González, finalizada en 2019–, logra plantear un verdadero recorrido por el desarrollo de la música de tradición escrita a lo largo de más de 240 años. 

Escrito en pleno Clasicismo musical, el Concierto para flauta y arpa de W. A. Mozart es un excelente ejemplo de características como la claridad expresiva, el balance formal y la delicadeza técnica que definieron, no solo el estilo particular de su creador, sino la estética clásica en general.

Por su parte, la Sinfonía n.º 9 ‘Del nuevo mundo’ de A. Dvořák recoge varios aspectos distintivos de la estética romántica, más específicamente de la rama de los nacionalismos surgidos en Europa del Este. Escrita durante la estancia de Dvořák en Estados Unidos, la Sinfonía ‘Del nuevo mundo’ reúne en una sola obra influencias propias de la música centroeuropea y del folklore checo, como también alusiones a la sonoridad de la música de los nativos americanos y a algunos temas de estadounidenses afrodescendientes. 

Por último, Cantos de la noche de Diego González es una excelente representante de algunas de las preocupaciones estéticas propias de los compositores posmodernos que tienden más a un eclecticismo que se deja influir por lenguajes diversos, tanto actuales como tradicionales. Así, la obra de D. González se entronca en una raíz que podríamos considerar neorromántica, que tiene como referente particular el postromanticismo de compositores como R. Strauss, pero no renuncia a las técnicas extendidas y sonoridades propias de la música contemporánea. 

 4. Obras capitales e importantes conmemoraciones

Este año 2021 se cumplen dos importantes aniversarios para las figuras de W. A. Mozart y A. Dvořák. Haciéndose eco de ello, la Orquesta Filarmónica de Santiago y la batuta nacional de Francisco Rettig, las conmemora con la ejecución de dos de las obras más destacadas y celebradas de los catálogos de estos compositores. 

Fallecido en Viena el 5 de diciembre de 1791, este año marca el aniversario número 230 del deceso del compositor W. A. Mozart. El Concierto para flauta y arpa, escrito cuando su creador contaba con 22 años, se cuenta entre sus obras más frecuentemente interpretada. Además, gracias a la belleza de sus melodías y el despliegue técnico que exige de parte de los intérpretes, es considerada como parte del repertorio clásico central de ambos instrumentos solistas.

Por otro lado, el año 2021 se recuerdan los 180 años del nacimiento de A. Dvořák, quien nació un 8 de septiembre de 1841, en Nelahozeves, Bohemia (actual República Checa). Compuesta en 1893, la Sinfonía n.º 9 es una de las obras más populares del repertorio creado por A. Dvořák y la última pieza de este género que fue compuesta por él. A partir de su estreno, la Novena Sinfonía gozó de una calurosa recepción tanto por parte del público como de la crítica y, rápidamente, su reconocimiento se trasladó desde Estados Unidos a Europa.

5. ¿Sabías que…? Curiosidades del Concierto 1:

  • Mozart y la flauta:

A pesar de las bellas líneas que entregó a la flauta en sus obras orquestales y sus óperas, en 1778, Mozart es reconocido por la cautela con la que se aproximó a este instrumento, que no favorecía, y para el cual escribió solo dos conciertos solistas y cuatro cuartetos.

  • Un canto a la migración:

El compositor checo Antonín Dvořák escribió la Sinfonía n.º 9 en Mi menor cuando se encontraba radicado en Nueva York, Estados Unidos. Cuando se encontraba en uno de los puntos más altos de su carrera, A. Dvořák fue convocado por la socialité y mecenas de las artes Jeanette Thurber para desempeñar la labor de director del recientemente inaugurado Conservatorio Nacional de Música de Estados Unidos. Si bien a Dvořák le costó tomar la decisión de dejar Europa para instalarse en nuestro continente, la diversidad cultural y los paisajes del país del norte de América le presentaron novedosas fuentes de inspiración que incorporó en la Novena Sinfonía, su primera composición comenzada y completada en Nueva York.

  • Cuando falla el patrocinio:

A. Mozart compuso su Concierto para flauta y arpa en Do Mayor en 1778, mientras se encontraba asentado en París, en búsqueda de un trabajo estable. En particular, la obra fue comisionada por Adrien-Louis Bonnières, duque de Guînes, un aristócrata y flautista aficionado, quien encargó esta pieza para interpretarla con su hija Marie-Louise, una hábil intérprete de arpa. Además de este concierto, el duque de Guînes contrató a Mozart para que diera a Marie-Louise lecciones de composición. No obstante, según consta por algunas de las cartas que el joven compositor envió a su padre, por alguna razón el duque nunca llegó a concretar el pago por el concierto que le fue entregado. Más aún, el aristócrata tampoco pagó la totalidad del monto acordado por las lecciones de composición, sino que solo ofreció al joven Mozart la mitad del salario esperado por su trabajo.

  • Una sinfonía en la luna:

Durante la misión que envió el transbordador espacial Apolo 11 hacia la luna, el astronauta Neil Armstrong llevó entre sus pertenencias una grabación en cinta de la Sinfonía n.º 9 de A. Dvořák. Según el mismo Armstrong sostuvo en entrevistas posteriores, el subtítulo ‘Del nuevo mundo’ por el que es conocida la obra le pareció especialmente significativo para ser incluida en un viaje que marcaría el primer alunizaje de la historia.  

  • Las sinfonías y el número 9:

La Sinfonía ‘Del nuevo mundo’ es la novena y última obra de este género que fue compuesta por A. Dvořák. Curiosamente, esto ha sido una ocurrencia común para algunos de los grandes sinfonistas de la historia de la música.

Esta coincidencia, conocida popularmente como ‘la maldición de la novena’, aduce que varios compositores han muerto durante o con posterioridad a la creación de su sinfonía número 9, en muchos casos dejando inconclusa la que constituiría su décima pieza de género sinfónico. Además de Dvořák, algunos de los creadores que llegaron a completar este número de sinfonías fueron Ludwig van Beethoven, Franz Schubert, Anton Bruckner, Gustav Mahler y Alfred Schnittke. 

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