Ópera

Una mirada psicológica a Rigoletto


La ópera bisagra de Verdi


Afiche del estreno de Rigoletto en La Fenice de Venecia (1851).

“Ayer fuimos como abrumados por las novedades”. Así describió el crítico de La Gaceta de Venecia la ópera que Giuseppe Verdi estrenó en 1851 en el teatro La Fenice. Y es que con Rigoletto, el célebre compositor italiano dio el primer paso en hacer confluir la palabra y la música con el teatro de una manera más orgánica. “No hay una nota demás ni una nota de menos, no hay nada que sobre ni nada que falte. Tiene un libreto bien escrito, una historia policial muy efectiva y para eso escribe una ópera cohesionada y absolutamente eficaz desde el punto de vista de la utilización de los medios musicales. Lo que importa aquí es que la acción no se interrumpe por el uso de formas musicales cerradas”, comenta Maximiano Valdés, director musical de la producción que el Municipal de Santiago presenta desde el 14 de julio.

La acción se construye a través de una sucesión de diferentes formas musicales –recitativos, arias, cabaletas, coros, danzas, valses– y de una perfecta conjunción entre voces y orquesta. “Además de eso, la música es muy inspirada: tiene grandes melodías, tiene grandes momentos musicales. Tiene pasajes de muchísima carga dramática y se presta para lecturas, desde el punto de vista escénico, de todo tipo y de toda época –describe el músico–. Los personajes son lo que son y es lo que musicalmente hemos delineado. Me he dedicado a resucitar lo que Verdi tiene en su partitura y es el papel del director de escena cuestionar nuestras certezas y ponernos en circunstancias que nos hagan repensar un poco el todo. Y en ese sentido esta puesta en escena es coherente de principio a fin”.

Rigoletto, ¿bufón o marginado?


Izquierda: Sebastian Catana personificando a Rigoletto en la producción 2017 del Municipal de Santiago (foto: Patricio Melo) / Derecha: Rigolettos de las producciones de la Metropolitan Opera, la English National Opera, la Wiener Staatsoper y el el Teatro Comunale di Bologna.

Un bufón es un “personaje cómico encargado de divertir a reyes y cortesanos con chocarrerías y gestos”, dice la Real Academia Española. Se trata de un rol que normalmente era interpretado por personas con discapacidades físicas o mentales. Así, más que un payaso, el bufón era en realidad una persona discriminada y marginada, predeterminada por su discapacidad a desempeñar esa función en la sociedad.

En la ópera de Verdi es Rigoletto, un hombre con una gran joroba, quien tiene esa función en la corte de Mantua. “A menudo me pregunto por qué Rigoletto decidió permanecer en esta sociedad que él consideraba tan corrupta y la razón que encontré, al leer el drama de Victor Hugo sobre el que se basa la ópera, es que Rigoletto está obsesionado con la venganza, no tanto como una venganza personal, sino contra la sociedad”, comenta Walter Sutcliffe.

Rigoletto no hace reír con chistes o mímicas sino a costa de insultos y mofas a los cortesanos. “Los odio, cortesanos burladores / Qué alegría me da insultarlos / Si soy perverso, es sólo por culpa de ustedes”, dice Rigoletto. “¡Somos iguales!”, se compara el protagonista con el sicario Sparafucile; él armado con la lengua y el asesino, con el puñal. En la producción de Sutcliffe, ambientada en las últimas décadas, Rigoletto es un intelectual que no encaja con el círculo frívolo que rodea al Duque y nadie lo respeta. Por eso “quiere que otros sufran, especialmente aquellos con quienes está resentido. El problema para él es que, al lograrlo, corre el peligro de que su hija, que atesora, resulte herida”, afirma Sutcliffe. “Para mí lo más importante es ayudar a transmitir esto y experimentar la cualidad esencial de esta tragedia. La psicología de los personajes de esta obra es muy interesante y la tragedia es siempre más fuerte cuando hay posibilidades de transformación”, continúa.

“La donna è mobile” y el Duque de Mantua


El tenor chino Yijie Shi interpreta el rol del Duque de Mantua en el elenco internacional de la producción 2017 de Rigoletto

“La mujer es voluble / como pluma al viento, / cambia de palabra / y de pensamiento”, canta el Duque de Mantua en la que es, probablemente, una de las arias más famosas del repertorio lírico. Consciente del alto poder de recordación de este fragmento de Rigoletto, Verdi habría prohibido a los artistas cantarla, tararearla o incluso silbarla antes del estreno para mantener la sorpresa. El resultado es que más de 250 años después, el aria es número ineludible del repertorio de los tenores, es parte de bandas sonoras de películas y series y musicaliza avisos publicitarios.

Más allá de su ritmo pegajoso y alegre, el aria refleja el carácter del Duque. “Es un personaje libertino, abusador, una persona mimada, absolutamente destruida por la corrupción, la adulación, el abuso de poder y la constante satisfacción de sus deseos. De repente se encuentra con esta chica, una niña que tiene evidente profundidad de sentimiento; entonces el Duque se sorprende y por primera vez canta una música que está más acorde con una cierta curiosidad y fascinación por un sentimiento nuevo”, explica Valdés. Sutcliffe coincide con esta mirada y ve en la obsesión del Duque por Gilda –la hija de Rigoletto– un amor genuino.

“Desafortunadamente, después del rapto, Rigoletto la lleva lejos y el Duque no puede encontrarla. En el tercer acto el Duque está amargado, borracho. Busca a Magdalena sólo para sentirse mejor. El aria “La donna è mobile” realmente trata sobre un hombre deprimido, con el corazón roto, que piensa que no existe una mujer en la pueda confiar. Normalmente el Duque es interpretado en una dimensión, pero creo que él tiene un cambio o al menos tiene la posibilidad de un cambio, pero la oportunidad le es arrebatada por Rigoletto.”, comenta el regisseur acerca del personaje que en esta producción es interpretado por Yijie Shi y Juan Pablo Dupré. En ese sentido, Valdés puntualiza que “no es que esté despechado por amor ni que se haya transformado en un hombre mejor sino que está molesto porque siempre ha tenido lo que quiere y ahora no”.

El tiempo y el lugar: de la censura a la propuesta escénica


Izquierda: Bocetos de vestuario de una producción de 1852, un año después del estreno mundial de Rigoletto / Derecha: escena de El lobo de Wall Street, usada como referencia para el vestuario de la producción del Municipal de Santiago.

En el siglo XIX, época en la que se publicó El rey se divierte de Victor Hugo y Rigoletto de Giuseppe Verdi, la censura política y moral era ejercida con fuerza por las autoridades. “Víctor Hugo eligió situarla [El rey se divierte] en la Edad Media [en el reinado de Francisco I de Francia] sólo para que pudiese ser montada. Los censores parisinos no iban a permitir ubicarla en el Segundo Imperio”, comenta Sutcliffe, director de escena de Rigoletto. Asimismo, Verdi y Piave mantuvieron la esencia de la obra original, pero debieron trasladar la acción al ducado de Matua, además de cambiar nombres de personajes y escenas consideradas muy atrevidas.

Ese es sólo un ejemplo de cómo una obra de arte es reinterpretada según los paradigmas de cada época. En el caso de la ópera, la relectura se hace a través de la puesta en escena. “Rigoletto es una historia atemporal, que existió en la corte francesa y que después Verdi la puso en una corte más pequeña en la ciudad de Mantua en Italia, pero es una historia que puede suceder en cualquier momento y en cualquier parte. Tiene que ver con diferentes circunstancias propias de los seres humanos a través del tiempo, y que tiene que ver con el poder, la corrupción, el abuso, el amor, la venganza y el crimen”, comenta Valdés. Por ejemplo, en 2010 el Municipal de Santiago presentó una producción que situaba la acción en el París del siglo XIX –buscando resaltar el sentido político-social que le imprimió Hugo originalmente– y en 2017 la apuesta es a presentar un Rigoletto que indaga en la dimensión psicológica de la historia, con una aproximación estética contemporánea.

“Rigoletto no es sólo una crítica social, trata sobre la relación entre una persona y la sociedad que le disgusta, por lo que puede situarse en cualquier época. Yo quería identificarme con este individuo, no hacer un documento histórico. Las relaciones en la pieza no están unidas por un realismo medieval y no hay nada que te haga sentir en una cierta época. Con este tipo de vestuario creo que puedes exponer a esta sociedad rica y obsesionada consigo misma más claramente que situándola en el medioevo. En esta pieza el mundo es muy reconocible y actual, por lo que era una buena oportunidad para jugar con el realismo psicológico”, declara Sutcliffe acerca de su propuesta.

Gilda, una adolescente infantilizada


Imagen del segundo acto de la producción 2017 del Municipal de Santiago de Rigoletto (foto: Patricio Melo).

Fuera de la corte, Rigoletto es una persona diferente. Su venganza queda de lado y se dedica por completo a su hija Gilda. “Basta una flauta para indicar que volvió a su casa y que está su hija, su tesoro y todo el otro lado de su vida”, describe Valdés. Ella es lo único bueno en su vida, por tanto, la sobreprotege: le oculta su identidad y su oficio, además de mantenerla siempre encerrada en la casa, salvo para ir a la iglesia. “Él no puede verla como una mujer sino que siempre la ve como una niña y la mantiene escondida de la sociedad. Gilda tiene 15 años, pero no ha tenido realmente la oportunidad para experimentar el mundo como una adulta”, comenta Sutcliffe acerca de su visión de este personaje.

En la producción del Municipal de Santiago esta visión infantilizada que Rigoletto tiene de su hija queda de manifiesto especialmente en los decorados de la casa familiar, donde predomina el rosado. Esta es la parte, en palabras de Sutcliffe, “naturalista” de la escenografía, es decir, aquella que da el marco de acción de la escena y que soporta el relato propiamente tal. Pero el hogar de Rigoletto y los otros decorados –la residencia del Duque y la de Sparafucile– están enmarcados en una estructura escenográfica mayor. “Para crear un escenario, lo que busco es una tensión entre la realidad en la que habitan los personajes y el interior de la mente de Rigoletto, que es el motor de esta pieza. Busco una forma que nos permita ver en el escenario el estado emocional oscuro y claustrofóbico de Rigoletto. Para eso creamos una especie de túnel que se puede transformar en un ambiente real”, revela el director de escena.

 

Ópera | RIGOLETTO | 14 – 22 de julio de 2017, 19:00 horas
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