Patrimonio

Sala Principal | Una joya arquitectónica

 

[+Arquitectura] La Sala principal del Municipal de Santiago ha cambiado constantemente a través de los años, pero sin perder su estructura general. De hecho, al utilizarse los mismos planos para reconstruirla luego del incendio de 1870, efectivamente tiene el mismo tamaño que su versión anterior, pero con algunos cambios. El primero y más importante es la columnata que atravesaba cada uno de los palcos, separándolos con blanco mármol que se veía impresionante desde la platea y el escenario, pero daba muy mala vista para aquellos sentados en los mismos palcos. A partir de 1873 (y hasta hoy) los palcos han permanecido separados solo por una baja barandilla.

La nueva sala incluía una serie de cambios. No tenía una gran lámpara de lágrimas, que se había perdido en el anterior incendio, pero en cambio era mucho más espaciosa y tenía un foso de orquesta que permitía un sonido mucho más amplio y más músicos para acompañar las funciones.  Dado que Eusebio Celli, que estuvo a cargo de gran parte de los trabajos, era escultor, realizó moldes para diversos elementos de la Sala y estatuas a su entrada, muchos de los cuales se conservan.

Muy lujosa, se reforzó con fierro en diversas áreas y tenía en su techo, plano, unas muy valiosas ilustraciones realizadas por Ernesto Kirchbach, director de la escuela de Bellas Artes, y pintadas por Tulaud. Eran cuatro las pinturas, con óleos de Roma: una alegoría de la música en Carl Maria von Weber, una de la tragedia en Alfieri y Byron, otra de la comedia con Calderón de la Barca y Lope de Vega y una de la danza con la figura de Franz Schubert. Parte de este plafond se conservó y guardó, instalándose posteriormente y es aquel que puede verse, en parte, hasta hoy.

El terremoto de 1906 causó grandes daños a la estructura, que se reconstruyó por completo, con dos largas columnas en su parte posterior para sostener una nueva cúpula, de madera, aún más amplia que la anterior, cuyas dimensiones se conservan desde entonces.

Entre 1947 y 1952, con la dirección del chileno Eduardo Secchi Muñoz, se cambiaron los accesos a la platea alta y se ensanchó considerablemente el foso de orquesta, eliminando dos palcos bajos. En 1959 los escultores José Berenger y Florentino Aravena fueron los encargados centrales de la restauración. Se trabajó entonces en las estatuas, la cúpula (que estaba desviada en 17 centímetros) y cariátides, con la colocación de elementos antifuego. Ese año se instaló nuevamente la lámpara de lágrimas, que había estado guardada en el Palacio Cousiño. Desde entonces, pocas reformas han afectado al interior de la Sala, con la excepción de la instalación de alfombrado (que se retiró el año 2010) y calefacción.

Otro aspecto importante de la Sala, especialmente al ingresar a la misma, es el inmenso telón del escenario. En 1995 se cambió el anterior, que databa de las reformas de la década de 1920. El telón actual del Teatro pesa 1.200 kilos y es de terciopelo de mohair color rojo vino. Consta de dos piezas de nueve metros de ancho con un 30% de pliegues y 10,30 metros de altura cada una.

Otros adornos de la Sala, como el escudo de Chile que cuelga sobre el escenario, o los muchos adornos de la Sala en esculturas y frescos sobre el techo, además de lamparás y asientos con terciopelo, hacen del Municipal de Santiago una joya única en la arquitectura de Santiago y Chile entero.

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