Música

Guía de Conciertos 2020 | Variedad y dinamismo

A pesar de que hoy nos parece absolutamente normal que en un concierto sinfónico se interpreten obras de compositores desaparecidos hace siglos, esto no fue así desde siempre. Hasta entrado el siglo XIX, la ocurrencia más común era que, una vez presentadas al público, las composiciones fueran solo revividas un par de veces antes de ser olvidadas para dar paso a nuevas creaciones. El concierto, así, se nutría más de novedades que de músicas de tiempos pasados.

Esta concepción comenzó a cambiar hacia el siglo XIX cuando, influidos por la modernidad y el Romanticismo, el pensamiento cultural comenzó a incentivar su conciencia histórica: se rescataron figuras de compositores antiguos y se revalorizó la música creada en décadas y centurias pasadas. De este modo, se comenzó a configurar el concierto como lo conocemos hoy, es decir, como señalaría el compositor Franz Liszt en uno de sus escritos, como “un museo de obras musicales”.

Aún hoy, los teatros y conciertos cumplen las mismas funciones que un museo: entregan un espacio de vida a productos artísticos realizados hace mucho tiempo, mayoritariamente por personas ya fallecidas y para un público muy diferente al de sus épocas. Aun así, y aunque indudablemente sus fórmulas, audiencias y repertorios puedan –y deban– ser renovados y reactualizados, la mayor importancia de instituciones culturales como las nombradas radica en su incansable labor patrimonial y de conservación; si la música de compositores como Bach no se tocara, o si los cuadros de Monet no se expusieran, probablemente su permanencia en nuestra cultura se vería amenazada y su existencia olvidada.

Ampliando la paleta

“Tienes que tener un canon
para que las siguientes generaciones
puedan venir y explosionarlo”

–Henry Louis Gates

Si consideramos el evento de un concierto sinfónico como una especie de museo de obras musicales, tal como sucedería con un museo de artes visuales o de historia natural, a la colección permanente que conforma la institución –que en el caso de la música docta estaría integrada por algunos de los compositores más conocidos por el público, como Beethoven, Bach o Mozart– se superpone una colección temporal.

Esta última, que va variando, está integrada por exposiciones que algunas veces son piezas emergentes –un estreno, en el caso de la música– o bien, son objetos realizados por autores poco conocidos. No obstante, la importancia de esta exposición rotativa radica en que, no necesariamente por su menor difusión comparativa en relación a las piezas muestra fija, pueden ser consideradas de una calidad inferior.

La existencia de esta ‘colección temporal’ en todo museo es igual de relevante que la de la exposición fija, pues, aunque es menos conocida por el público, es lo que genera variedad en la muestra y aporta al dinamismo de nuestras concepciones patrimoniales. Así, la Temporada de Conciertos del 2020 incluirá algunas obras poco interpretadas en Chile y que contribuirán enormemente a nuestro conocimiento de nuevos repertorios.

Además de las músicas de compositores chilenos, que en general suelen ser menos conocidas por el público general, también se incluirán algunas piezas antiguas que, a pesar de ser muy relevantes en su tiempo, han quedado algo perdidas en la historia de la música. A modo de ejemplo, Ariadne auf Naxos del compositor bohemio Jiri Benda, muy poco interpretado hoy en día, fue probablemente uno de los melodramas más famosos de su época, influyendo sobremanera en los compositores clásicos germanos que se vincularon al maridaje entre música y drama a través de géneros como el melólogo o la ópera.

Algo similar ocurre con la Sinfonía n.º 2 de Ferdinand Ries, contemporáneo y secretario de Beethoven. Durante el tránsito al Romanticismo, desarrolló una producción que toma mucho del estilo de su maestro, pero adaptado hacia preocupaciones personales por la claridad, el equilibrio y la potencialidad del material. Las obras de Benda y Ries serán parte del segundo concierto de la Temporada.

La programación también traerá algunas composiciones poco interpretadas de compositores reconocidos. Este es el caso de la Obertura de Benvenuto Cellini del compositor francés Héctor Berlioz, que será parte del sexto concierto. También de la Sinfonía n.º 4 de Beethoven, cuya fama se ha visto eclipsada por otras piezas como la Quinta o la Tercera, es hoy una de las sinfonías beethovenianas menos programadas y será parte del cuarto concierto.

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