Ópera

El oro del Rin | Playlist | El anillo de la discordia

Un enano crea un anillo de poder con oro robado del río Rin. Todos quieren el anillo –ninfas, dioses, nibelungos y gigantes– pero éste está maldito y destruirá a todo aquel que lo posea.

Basado en la mitología nórdica –al igual que J.R.R. Tolkien en El señor de los anillos y que los creadores de Avengers–, el compositor alemán Richard Wagner creó su épica tetralogía El anillo de los nibelungos entre 1848 y 1874. El oro el Rin abre esta épica historia, una ópera que con música extraordinaria y un sorprendente mundo fantástico encantará a grandes y a chicos.

La versión de Pequeño Municipal, que se presenta el sábado 22 y 29 de junio, es una reducción de una hora narrada en español por Loge –el semidios del fuego– y cantada por el resto de los personajes en el idioma original.

El equilibrio de la naturaleza

El río Rin alberga desde tiempos inmemoriales el oro sagrado. Tres ninfas lo custodian y con ello mantienen el equilibrio de la naturaleza y la armonía en el mundo. “¡Alegría radiante! ¡De qué manera tan brillante y grande te ríes! (…) Despiértate, amigo, despiértate contento. Maravillosos juegos jugamos para ti”, cantan las ninfas.

Un enano roba el oro

En el mundo de Wagner, los nibelungos son los enanos que trabajan en la mina. Alberich es uno de ellos, de carácter enamoradizo y ambicioso. Llega a orillas del río y, ante el rechazo de las ninfas a sus coqueteos, roba el oro y lo maldice: “¡Yo apago vuestra luz, arranco el oro de la roca y forjaré el anillo de la venganza! Que las aguas lo oigan: ¡maldigo por siempre al amor!”

Los dioses se pelean

Mientras el equilibrio se rompe en el Rin, los dioses Wotan y Ficka –marido y mujer– tienen una fuerte discusión por el alto precio que tendrán que pagar por su nueva fortaleza, el Walhalla: Wotan ha ofrecido a los constructores –los gigantes– entregarles a Freia, hermana de su esposa, como pago por su nuevo hogar. “¡Oh imprudencia y ligereza! Si yo hubiera sabido tu contrato, habría evitado el fraude”, le reclama Fricka.

En busca del botín

Los gigantes Fassolt y Fafner, con su imponente presencia, llegan al Walhalla a cobrar su botín. Se llevan a Freia, diosa de la eterna juventud, poniendo en peligro la supervivencia de los dioses. “Esa juventud floreciente, empezará a decaer, enferma y pálida, y débiles y ancianos desaparecerán, si no tienen a Freia”, canta Fafner.

Freia a cambio del oro

Loge, el semidios del fuego, tiene la solución para recuperar a Freia: recuperar el oro que está en manos de Alberich y con él pagar a los gigantes el rescate de la diosa. Entonces, Wotan y Loge viajan a al País de los Nibelungos en busca del oro.

Un anillo de poder

Alberich se ha convertido en un tirano y los nibelungos trabajan sin descanso bajo su yugo. Mime, su hermano, forja con el oro un anillo de poder, que sólo puede poseer quien reniegue del amor, y un yelmo que invisibiliza a quien lo use. “Gracias al poder del anillo, su avaricia descubre dónde, entre las grietas, se esconden nuevos filones de oro. Nosotros tenemos que buscarlos, encontrarlos y picarlos para sacar el oro; fundir lo que hallamos y forjar las piezas sin descanso ni reposo para aumentar el tesoro de nuestro amo”, canta Mime.

Enano, serpiente, sapo

Albericht demuestra lo que puede lograr con el poder del anillo y se convierte en una gran serpiente.

Entonces, el astuto Loge lo reta a convertirse en algo minúsculo. Alberich cae en la trampa y se convierte en insignificante sapo. Entonces, Wotan lo atrapa y le quita el oro.

Una nueva maldición

“¡Vete con cuidado, dios dictador! Si yo pequé, sólo pequé contra mi persona. Pero, contra todo lo pasado, lo presente y lo futuro pecarás tú, inmortal, si me coges el anillo”, amenaza Alberich a Wotan. El nibelungo está furioso con el engaño y predice el acabose para quien posea el anillo.

Vuelven donde los gigantes con Albericht prisionero. Le dicen que, para ser liberado, debe pagar su libertad con oro. Albericht les pasa el oro y ademas le quitan el anillo y el yelmo.

El anillo de la discordia

Wotan y Loge vuelven donde los gigantes a pagar el rescate de Freia. Hacen una torre con el botín.
–¿Qué más quieren?– pregunta Loge.
–Ese anillo que cuelga de tu cuello– contesta Fafner.

Wotan se resiste a entregarlo, pero Erda, diosa de la tierra y voz de la razón, lo convence. “¡Cede, Wotan, cede! ¡Escapa a la maldición del anillo! Su posesión te condena a una oscura e irremisible destrucción”, argumenta Erda.

Wotan entrega el anillo a los gigantes y la maldición sigue su curso: Fafner y Fassolt se pelean por el anillo

De vuelta a casa

Aliviados por haberse deshecho del anillo y el oro del Rin, los dioses regresan al Walhalla. Pero las ninfas no han olvidado el saqueo y advierten que la naturaleza sigue en desequilibrio y que el anillo seguirá provocando problemas.

* Grabación: Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth, bajo al dirección de Joseph Keilberth | Myto, 1952

Pequeño Municipal | EL ORO DEL RIN | 22 y 29 de junio
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