Ópera, Patrimonio

Compañías Líricas | Su trayecto en el escenario del teatro

[+Historia] Desde su fundación hasta entrado el siglo XX la estructura de las temporadas del Municipal era completamente distinta a lo que hoy estamos acostumbrados. Por aquel entonces, un empresario traía a un conjunto de artistas -casi siempre italianos- que representaban una serie de títulos en un corto periodo de tiempo, normalmente entre agosto y octubre. En tres cortos meses se llegaban a dar, en ocasiones, más de 80 funciones distintas de ópera, que incluían estrenos y, además, títulos ya conocidos. Hay casos famosos, como el de Tosca, que fueron estrenados en Chile solo meses después de su primera presentación europea.

Las compañías líricas solían traer tanto grandes artistas consagrados como principiantes, los cuales podían sorprender a veces más que aquellos que el público esperaba escuchar. En una época sin grabaciones, y aún antes de la radio, una voz era siempre una novedad esperada con ansiedad por los amantes del género. Sin embargo, con los años, también la llegada de un gran artista empezó a ser preparada por la prensa y la radio, por lo que no pasaba desapercibido como héroe del género. Tal fue el caso, en 1948, de Beniamino Gigli, quien fuera condecorado por la Municipalidad de Santiago, como se ve en esta fotografía:

Esta forma de llevar la ópera fue desapareciendo con los años, en particular durante la década de 1940 la posibilidad de mantener una orquesta, de una buena cantidad de cantantes nacionales y el apoyo del estado permitieron que las compañías líricas italianas fueran desapareciendo progresivamente. La fotografía del encabezado representa justamente este período de tránsito, con el presidente Pedro Aguirre Cerda sentado entre miembros de la compañía Lírica, el coro y los cantantes nacionales en tras bambalinas de una función de ópera.

En algunos años puntuales las compañías líricas no fueron traídas desde Italia, lo que significó siempre una sorpresa. Durante la década de 1870 se presentó un grupo francés y hacia 1920 uno ruso, por ejemplo. La principal herencia de estas compañías fue el repertorio, novedoso para un público acostumbrado a la ópera italiana. De alguna manera, sus logros y fracasos (tanto económicos como artísticos) fueron un aliciente permanente de la vida cultural y social santiaguina, trayendo la moda, la vida y las maneras de Europa a un país emergente y hambriento de cultura.

 

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